e28a0b2 Alucinaciones II
  • Itziar Mateo Antuñano

Alucinaciones II

Ricardo

Veinte años antes

Me he levantado otra vez empapado de sudor, no puedo más. Miro hacía el otro lado y veo a mi mujer, está roncando… no sé qué vi en ella. Alguna vez, quizá me resultó atractiva, ahora mismo no lo recuerdo. No me gusta mi vida, no me gusta nada, entiendo a los que van por tabaco y no vuelven. Yo pienso en ello todos los días.

En media hora me tengo que levantar para ir al trabajo, algo que también odio. No tengo ninguna motivación…no miento, tengo una. Mi cabeza se recrea en ella, es guapa, joven y siempre me sonríe. Me imagino que lo hará porque es simpática con todo el mundo, pero a mí me alegra el día.







Acabo de soñar con ella, todas las noches se repite el mismo sueño, nos encontramos en los archivos, se le cae algo y yo le ayudo a recogerlo. Nos chocamos, mi cuerpo reacciona y entonces me despierto, siempre pasa algo, ni en sueños puedo realizarme. Es cómo mi vida, frustrante.

Me levanto y voy hacia la cocina, los niños ya se han despertado, tengo cuatro y no sé cómo llegaron. El último fue todo un disgusto, no tengo el dinero suficiente para alimentarlos y pagar el colegio de pago.

Mi mujer desde entonces se negó en banda a tener relaciones sexuales, yo le hablé de los métodos anticonceptivos y ella no me dejo ni terminar la frase. Es una mujer chapada a la antigua. En cambio, yo me adapto a los nuevos tiempos, soy muy moderno, me gusta la juventud.

Mis hijos gritan mucho, discuten entre ellos y se pegan. La mayor Maribel no hace más que quejarse de sus tres hermanos pequeños, dice que son un horror, que le quitan sus cosas e invaden su intimidad.

Nunca intervengo, es mi mujer quien impone el orden en casa, les grita y si hace falta les da una bofetada. Suficiente tengo con ir a trabajar, en casa por lo menos se me respeta, mi mujer rara vez me echa algo en cara, entre nosotros no existe relación de ningún tipo y me alegro de ello.

Antes de ir a trabajar les llevo al colegio, ejerzo de chófer, no les hablo, mis silencios forman parte de mí y ellos lo saben. Me paro en un semáforo y veo cruzar a las jovencitas, van con sus uniformes y se ríen entre ellas, son hermosas, su piel reluce, la frescura que transmiten... Me gustan las niñas del colegio, no lo puedo evitar. Las miro, siempre las miro.

Siento una mirada posada en mí, es insistente. Desvío la vista y veo a mi hijo Álvaro, no me quita la vista y me sonríe. No es una mirada infantil, tiene diez años y no es la primera vez que siento que su mirada me traspasa, me pone nervioso.

Intento responderle a la sonrisa, hacer ver que no pasa nada, entonces es él cuándo me quita la mirada. Sigo adelante, es solo un niño pienso, no sabe de esas cosas.

Llego a la oficina y Silvia me sonríe, es la recepcionista, su misión es ser simpática y yo se lo agradezco, es la de mis sueños. Es castaña con el pelo largo, es delgada, menuda como una muñeca, apenas tiene diecisiete años y su mirada trasmite inocencia.

Al principio me hablaba de usted, pero ya le dije que me hablase de tú.

-Ricardo, llámame Ricardo.

Soy un simple oficinista sin ánimos de ascender, quizá de más joven tuve una oportunidad, pero con los años la perdí. Mi única misión es dejar pasar las horas, las cuales se me hacen eternas mirando al reloj, el único aliciente es cuando Silvia se me acerca a hablar.

Siempre me da las gracias por ser tan agradable con ella, yo le contesto con la mejor de mis sonrisas, hago lo que haga falta por ella y rezo para que me vea con otros ojos. La deseo tanto que me cuesta hasta respirar a su lado, cada poro de mi piel se excita, daría cualquier cosa por estar con ella, tan solo una vez.

Estudio cada movimiento, la forma que tiene de tocarse el pelo cuando está nerviosa, como mordisquea el bolígrafo. Quiero ser ese bolígrafo, no pienso en otra cosa, quiero que juegue conmigo.

Tengo cincuenta años recién cumplidos y aunque todavía conservo pelo, mi cuerpo está cansado, de joven era fuerte, no tenía problemas para conocer chicas, pero el matrimonio pudo conmigo. La comida se convirtió en mi mayor refugio y los kilos se depositaron en mi estómago.

Pienso que a ella puede que no le importe nuestra diferencia de edad, treinta años no son nada y la podía tratar como jamás ningún hombre la trataría, le podría enseñar todo, le haría mujer, porque sospecho que es virgen, una vez le dije que una chica tan guapa tenía que tener novio y me contesto que no “Nunca he tenido novio” se puso roja, aquello me excito tanto que solo de pensarlo me tuve que ir al baño a desahogarme.

- ¡Deja el cuchillo Álvaro! - son los gritos de mi mujer, me han despertado de mi ensoñación. La miro, ella también se ha aficionado a la comida, está incluso más gorda que yo.

-Ricardo- me dice- Tienes que hablar con Álvaro, hoy me han llamado del colegio, ha pegado a un niño y le ha amenazado.

-Eso son cosas de niños.

-No es la primera vez que me llaman, está vez me han dicho que le van a expulsar, que no quieren matones en el colegio.

La miro cansado.

-Habla con él, eres su padre, a ti te hará mas caso, yo no puedo con él, es incorregible, no le importa nada.

No quiero discutir

-Sé que Álvaro no se porta bien- le digo- Siempre ha sido muy travieso, le gusta hacer perrerías, sobre todo a su hermana, pero no me preocupa son cosas normales.

-¡Habla con él!

Me levanto y le llamo, esta con su hermano Germán.

- ¡Álvaro! Ven un momento, tenemos que hablar.

Se acerca, no me tiene miedo, sé que no impongo ningún respeto en casa.

-Tu madre me ha contado que te has portado mal en el colegio.

-Es mentira, yo no he hecho nada.

-Es muy feo mentir- le digo.

- ¿Entonces tengo que hacer cómo tú?

- ¿Cómo yo?, no te entiendo.

-Nada papá, no importa.

-Tienes que portarte bien.

-Claro, ya lo hago. A partir de ahora seré más cuidadoso. Nadie tiene que enterarse, seré cómo tú, discreto.

Mientras lo dice, me observa. Yo soy el juzgado, está poniendo en duda mi comportamiento y con su sonrisa me dice que sabe lo que me pasa, lo que siento. Tengo una sensación extraña, un escalofrío atraviesa todo mi cuerpo.

-Yo no he hecho nada- le digo- No sé de qué me hablas.

-Yo tampoco.

Lo sabe, me lee el pensamiento, conoce mi secreto.

-No pasa nada papá, es normal lo que te pasa, lo malo es que te contienes. Déjate llevar, ya verás, lo bien que te sientes luego. Yo guardaré tu secreto.



Álvaro

En la actualidad

Ese día mi padre me hizo caso y empezó a ser feliz, es curioso que un niño de diez años le dijese lo que tenía que hacer. Dejarse llevar. Yo no lo hago, mayoritariamente finjo, últimamente no hago otra cosa y estoy cansado, harto de sonreír sin ganas cuando de lo que tengo ganas es de matar a alguien.

Clara, Clara, pienso mucho en ella. Todavía no me puedo creer lo que me ha hecho, nunca lo hubiese imaginado. Realmente me gustaba, cuando la vi por primera vez, pensé que era perfecta, guapa, sumisa, servicial, insegura, con dinero, cubría todos los requisitos.

Fue todo tan fácil, comía de mi mano. Con ella era yo mismo y me sentía libre, hacía todo lo que quería y nunca me replicaba. Pero al final la mosquita muerta, me engañó.

Lo va a pagar, lo va a pagar caro y ella lo sabe, me conoce. No me voy a conformar con verla feliz junto con ese loquero de mierda. Ese hombre no me llega ni a la suela de los zapatos. Me he informado muy bien sobre él. Todo el mundo, sabía que su exnovia le engañaba con un amigo suyo y el muy imbécil no se enteró.

He investigado también a su familia, y tiene un historial que no tiene desperdicio, el loquero está peor que sus pacientes, el sí que necesita ayuda médica. No me olvido de él, está vez seré más sutil. La última vez me deje llevar, estaba demasiado cabreado, quería resultados inmediatos y así no es como se consiguen las cosas, tengo que tener más paciencia.

La enfermera, Natalia, ha resultado ser una pesada insoportable, de verdad que tengo ganas de estrangularla, habla sin parar y no me deja pensar, y lo peor de todo es que ni siquiera está buena. Y todo por culpa de Clara, esto también lo pongo en la lista, me lo pienso cobrar todo, y con intereses.

Hoy he ido a buscarla al trabajo, conozco sus rutinas, mejor que ella misma. Sale y mira a los lados, tiene miedo. No me extraña, yo también lo tendría.

No me acerco, la observo. Me gusta hacerlo, sigue siendo guapa, es algo que al principio me gusto, pero con los años lo veía como una carga. Otros hombres la miraban y aunque yo siempre le decía que no era gran cosa como mujer, sabía que era mentira.

Quería hundirla, hacerla chiquitina, minúscula, y cuando por fin lo había conseguido, se fue al loquero a contarle sus penas, me imaginaba a un hombre viejo, lo último que pensé es que se lo estaba tirando. Puta es una puta, se lo ha follado y lo ha hecho mientras estaba conmigo, cuando lo pienso se me revuelven las entrañas. El odio invade mi cuerpo, la veo y siento asco.

Había pensado esperar un poco más, pero mi instinto depredador está corriéndome por las venas. Salgo y le intercepto el paso.

- ¿A dónde crees que vas?

Me ve y se paraliza, no puede ni articular palabra.

-Ahora no dices nada. Di que soy un desgraciado. Venga dilo.

-No puedes estar aquí- me dice temblando- Tienes una orden de alejamiento…

- ¿Qué has dicho? No te he oído, habla más alto.

Me acerco a ella, ya no dice nada.

- ¡Ah! eso pensaba- le toco el pelo- ¿Me has echado de menos? Que preguntas hago, por supuesto que no me has echado de menos. Ni siquiera te diste cuenta que era yo. Creo que eso fue lo que más me dolió. Que rápido te olvidaste de mí. ¿Qué te da él? Dime, que tiene. No sé si te has dado cuenta que tiene un montón de problemas, ni es un buen loquero, ni es un buen marido. Le tendrían que quitar la licencia de médico. ¿Sabes que está prohibido tener relaciones sexuales con tus pacientes? Y mucho menos en la consulta. En el hospital lo saben, le van a denunciar, se le va a caer el pelo.

-No, a él no, por favor…- lo dice en un susurro, apenas le oigo.

-Habla más alto por favor, es lamentable oírte hablar así.

-Haré lo que tú quieras.

-Ahora sí, te escucho alto y claro.

Esta temblando, me tiene miedo, piensa que le voy a pegar o matar, no es por falta de ganas, pero la quiero viva. Por alguna razón que todavía no entiendo, la quiero. Puede que, de una forma extraña, pero la quiero a mi lado, la sigo considerando mi pareja perfecta.

Le toco la cara, siento su miedo, su rechazo.

-Al principio te gustaba cuando te tocaba así, decías que era tierno. ¿Te acuerdas?

No dice nada.

-La culpa fue mía, entiendo que te alejaras. Empecé a tratarte mal, tenía miedo de esto mismo, de que te fueras con otro, y mira por donde, yo mismo te lancé a sus brazos.

-Lo siento mucho- me dice.

-Sí, ahora mismo lo estás sintiendo. ¿Tan poco te importo? Dime, acaso nunca me quisiste.

-Claro que te quise- me dice.

Me acerco a ella, quiero besarla, soy suave, tierno, cuando quiero puedo serlo y ahora lo necesito. Abro su boca me introduzco, la beso profundamente mientras la agarro por las nalgas.

Esta nerviosa, tiembla, pero no me rechaza, tiene miedo y me aprovecho.

-Quiero estar contigo- le digo al oído- Los dos solos.

Está llorando, sé lo que está pensando. Piensa en el loquero, le acaba de ser infiel conmigo.

-Álvaro…- me suplica, lo hace con la mirada.

-Mañana en mi casa- le digo- A las seis. Si no vienes iré a buscarte o mejor aún, buscaré al loquero, tendremos una charla muy interesante.

-No, a él no…

-Buena chica- Le vuelvo a besar otra vez, mientras la toco, esta vez mi mano cubre su pecho, lo hago con delicadeza, recreándome en el- Nunca te he dicho lo preciosa que eres.

Se siente morir, su cara refleja la culpa.

-Hasta mañana.

Me voy sonriendo. Ahora soy yo el ganador. Jaque mate loquero.







Eduardo

Dos años después

Me dejó, un día volví del trabajo y no ya no estaba, se llevó todas sus cosas y me encontré una nota en la cocina. ‘’No me busques, se feliz’’

Entiendo por qué lo hizo, más bien por quién lo hizo. Ese hijo de puta le amargó la vida, al principio la busqué por todas partes, su trabajo, familiares, pregunté por ella en todas partes y no encontré ni rastro. En el fondo sabía que había vuelto con Álvaro, seguramente este le había obligado, así que fui a buscarle, y me lo encontré tranquilo en su casa.

Solo verle le agarré por la pechera y le amenacé.

- ¡Te voy a matar! ¡Te juro que te voy a matar! ¿Qué le has hecho?

Me sonrío, con esa mirada cínica, él ya sabía que Clara se había marchado.

-No sé de qué me hablas, estás realmente enfermo. Yo no he hecho nada.

Le golpeé solo por el placer de hacerlo.

-Eres un puto psicópata, no te vas a salir con la tuya.

-Yo no tengo la culpa de que te haya abandonado, has sido tu quien le ha echado de tu lado. Me llamo llorando, me contó cómo te portabas con ella, no era feliz, me dijo que la despreciabas continuamente, celándola.

-Sé quién eres.

- ¿Y quién soy? ¿Tu reflejo? Solo te estás viendo a ti mismo.

Es retorcido, yo no me parezco a él y no pienso caer en sus provocaciones.

-Te tengo vigilado- le advierto

Me doy la vuelta cuando le oigo.

-Vino a despedirse- me dijo-Recordamos viejos tiempos.

No le creo, ya no, sé lo que pretende.

Me marcho, estoy cabreado, muy cabreado, en el fondo pienso que tengo la culpa de lo que ha pasado. Al principio caí en su juego y ahora estoy pagando las consecuencias.

Dos años después, pienso en todo lo que me pasó y me parece que fue un sueño, una pesadilla cómo si no me hubiese pasado a mí. Le enfermera, Natalia me puso una demanda por acoso sexual, aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero al final me marché del hospital. Mi reputación como médico se quedó por los suelos, perdí total credibilidad.

Me acabé mudando a otra cuidad y empezando desde cero. He abierto una consulta privada, el mundo está lleno de locos y mi profesión es necesaria, me he vuelto un hombre frio, gris. Nunca fui muy alegre, pero ahora tengo menos motivos para reírme.

Mi relación con las mujeres es distante, no me implicó de forma emocional, de ninguna manera, solo tengo sexo y cuando termino, me voy, apenas hablo y por supuesto nunca me acuesto con ninguna de mis pacientes.

La mayoría de las mujeres sufre algún tipo de trastorno emocional, no sé si es por las hormonas, pero a mí no me interesan, ahora ya no las escucho ni las intento comprender, no me interesan en absoluto.

En la consulta me dedico solamente a prescribir medicamentos, no hay mejor cura, que estar adormecido todo el día. Antes me preocupaba ser un buen profesional, ahora soy un mercenario del sistema, ni puedo, ni quiero cambiarlo. Vivo mi vida, ajeno a todo el mundo, soy un ser asocial.

No pienso nunca en Clara, forma parte de mi pasado y ni siquiera tengo muchos recuerdos con ella, solo estuvo en mi vida unos meses. Decía que me quería, pero era mentira, ni siquiera sabía quién era realmente.

No confiaba en mí. El día que fuimos a denunciar a Álvaro, se lo dije.

-Estate tranquila, todo saldrá bien, tienes que confiar en mí.

-No tenía que haber venido. Cuando se entere, no me lo va a perdonar.

-No le debes nada, tienes que quitarte esos pensamientos de la cabeza. Eres mi mujer, ahora estás conmigo y sobre todo eres libre de elegir.

Me miro desconfiada. Desde aquella noche no volvimos a hacer el amor, se quedaba ausente, mirando al infinito, no sé lo que pensaba, pero me lo imagino. Tenía miedo, miedo de que me hiciese algo malo, su objetivo era yo, quería quitarme del miedo, pero no lo consiguió.

No soy un niño, sé defenderme. No le tenía miedo y era verdad, sé enfrentarme a situaciones difíciles, de joven lo hice y ahora estoy mucho más preparado, pero ella no confió. Paso de verme como una mala persona a pensar que era débil.

Cuando pienso en todo aquello siento rabia, sé que vivo amargado y no creo en nadie.

Vivo solo, ahora mismo no me relaciono con nadie. Cuando mi exnovia murió, lo hizo con su amante, un amigo mío. El no murió, se quedó con cicatrices, pero sigue vivo, mis amigos le apoyaron a él, por una razón que todavía no entiendo, se convirtió en la victima.

-Es un pobre desgraciado- me dijeron- Tú lo tienes todo. Dinero y un buen trabajo, él no tiene ni donde quedarse muerto.

Lo pienso y me hace gracia, cuándo éramos jóvenes, él era el triunfador, era quién se llevaba a las chicas de calle y vivía a todo trapo, gastando el dinero de sus padres. Mientras yo, el tonto responsable, era fiel a mi novia y solo me dedicaba a estudiar.

Jamás hice nada incorrecto, cuándo mis amigos salían de fiesta, yo era quien llevaba el coche y por supuesto no bebía, siempre decía que no me importaba, pero no era cierto, una parte de mí, quería salirse del camino, cometer errores, ligarse a la chica, ser el chistoso.

A nadie le gusta ser el chico aburrido del grupo “el soso”. Cuando conocí a Clara me sorprendió que viese algo en mi diferente, me sentí sumamente alagado, era como si alguien me hubiese reconocido mi verdadero ser, pero no. Paso de verme como un asesino a como un panoli.

Odio la condescendencia, que me subestimen, no soy ni idiota, ni débil y lo peor que pueden sentir por uno es pena. Tengo un carácter fuerte, no me quedó otra, la vida me forjó así.

En mi casa no me lo pusieron fácil, mi padre era un hombre, por decirlo con buenas palabras, complicado, sumamente estricto y de disciplina férrea. No se podía ni estornudar sin su permiso, vivíamos todos en silencio, no se hablaba. Yo de pequeño a veces pensaba que me volvía loco. Un día mi hermano le contestó y recibió hasta quedarse sordo. Literalmente, le rompió un tímpano.

Aprendí en sus carnes, fui disciplinado y jamás le llevé la contraria. Cuándo tenía veinte años le diagnosticaron un cáncer y al de seis meses murió. La única que le lloró fue mi madre, dijo que era el hombre de su vida, al día de hoy no lo entiendo.

No tengo relación con mi hermano, nunca me perdonó que no le defendiera con mi padre, piensa que no soy buen hermano y en el fondo yo también. Era dos años mayor y tenía que haber hecho algo, me disculpo a mí mismo diciendo que solo tenía doce años, pero el tenía diez y desde entonces su vida se condicionó totalmente.

A mi madre le voy a visitar en navidad, cumpleaños o cuándo me llama reclamando mi presencia, siempre pongo excusas, con ella también me siento culpable.

Es mi sino, todo lo hago mal y nunca estoy a la altura de las circunstancias y ahora con Clara me siento todavía peor, con ella ni he tenido la oportunidad de redimirme.

Estoy en la consulta cuando mi asistente me dice que una mujer me quiere ver.

- ¿Tiene cita concertada? - le pregunto.

-No, pero dice que te conoce personalmente y que le urge hablar contigo.

Por un instante pienso que puede ser Clara y le digo que pase, para mi decepción es Natalia, la enfermera, viene con cara de vergüenza. Ahora le entra el arrepentimiento de lo que me hizo.

- ¡Sal de mi despacho! - le digo sin mirarla a la cara.

-Es importante.

- ¡He dicho que salgas! - estoy cabreado, no perdono lo que me hizo esa mujer, su comportamiento fue horrible y no voy a admitir una disculpa, que se quede con su culpa.

-No quiero hablar contigo, recuerda lo que te puedo llegar a hacer, igual te agredo sexualmente.

-Me obligo, me dijo que tú eras un mal hombre, que había destrozado la vida de su novia, me contó cosas horribles sobre ti.

-Y tú le creíste, no quiero seguir hablando contigo. ¡Sal de mi despacho!

-Lo que me decía tenía sentido. Ahora sé la verdad, todo aquello que hice…lo siento muchísimo. No sabes cómo llego a tratarme ese hombre. Me utilizó.

-Eso ya lo sé, pero no es mi problema, no me das pena. Intenté hablar contigo y me fue imposible, te conté lo que le hizo a Clara.

-Al principio conmigo era maravilloso, todo eran palabras de atención y respeto. Luego cuándo consiguió lo que quería, no sabes las cosas que tuve que soportar. Lo único que le importaba era recuperar a Clara.

Le miro fijamente, oigo su nombre y siento como mi corazón late rápido.

- ¿Están juntos? - le pregunto.

-Sí, un día fui a buscarle a su casa y la vi, no me dijo nada, ni siquiera me miró a la cara, la tenía gacha.

La oigo y me siento morir, yo lo sabía y no hice nada. Mi cara se transforma, no puedo evitar dejar ver lo que siento ahora mismo. La culpa me invade, soy el hombre más cobarde del mundo.

- ¿Dónde viven?

-Su mudaron, no sé dónde están, desde que volvió con Clara no le he vuelto a ver.

La miro a los ojos y veo que me miente. Natalia no es buena actriz.

- ¿Y tú sigues en el hospital?

-Me trasladaron, ahora estoy en la capital, al principio me costó acostumbrarme, pero ahora estoy mejor. La gran ciudad es lo que tiene, entre tanto ruido uno se pierde.

Ahora vivo en el centro de Madrid, ya sé a lo que se refiere, a mí el ruido me gusta, me obliga a no pensar en mi vida.

La sigo analizando, sigue sin darme pena, no entiendo a ese tipo de mujeres que se engancha a parásitos, la utiliza y ella se deja. Me viene a la mente, lo que en su día contó sobre mí. Fue humillante.’’ Me incitaba a tener sexo oral, utilizaba un lenguaje obsceno y siempre hacía referencia a mi cuerpo, a mis pechos’’ la miro, no voy a juzgarla por su físico, no me interesa, pero sus acciones dejaron mi reputación como profesional por los suelos.

-Siento mucho lo que te paso Natalia- le digo. No me interesa ser agresivo con ella, le tengo que llevar a mi terreno- Hay hombres que no merecen la pena, la verdad es que donde mejor se vive, es en la soltería. Ahora mismo yo no tengo ninguna preocupación.

- ¿No quieres buscar a Clara? todavía sois marido y mujer, pensaba que la querías.

-Aquello fue una locura, todo muy repentino y me salió caro. Uno aprende de los errores que comete. Y ella fue la que le eligió, no yo.

Me mira, mi comentario le ha desconcertado, no es lo que esperaba oír.

-Entonces me he acercado para nada, lo siento otra vez. Sé feliz.

Intenta sonreír, mantener la calma, pero el temblor de su mano la delata. El, la está observando y tiene miedo de su reacción. Viene a por mí, no se ha olvidado, no le basta con tener a Clara, quiere hacerme daño.

Se marcha y me quedo pensando. Clara no está con ese hombre, ha huido. Sonrío pensando que eso es posible, deseándolo.

¿Dónde estás? ¿Dónde te has escondido? Hay algo dentro de mí que me dice que está cerca, mucho más cerca de lo que me imagino. Solo tengo que mirar a mi alrededor…

Salgo de la consulta y por primera vez soy consciente de que me observan. Me ha vuelto a pasar, soy manipulado sin ser consciente de ello. Pienso en que he seguido con mi vida, he estado con otras mujeres y Clara lo ha visto, sé lo que habrá pensado, que nunca la quise, que no fue nada para mí.

Me he obligado a no pensar en ella, a dejar todo aquello atrás y ahora me acuerdo de sus ojos, de cómo me miraba, nadie me ha mirado así. No he estado a la altura “Tengo amor para los dos” me dijo, y parece que es cierto, a veces pienso que no soy capaz de querer a nadie.

Hoy no voy a casa, quiero tomar algo fuerte, antes no bebía y últimamente no hago otra cosa, tengo la necesidad de que me arda la garganta. Voy al primer bar cercano y pido un wiski, no me gusta especialmente, pero es más efectivo.

Lo tomo de un trago, es fuerte. Miro el vaso cuando siento que alguien se acerca, es una mujer, y no una mujer cualquiera, es muy hermosa.

Morena con el pelo rizado, labios sensuales y curvas de infarto, el prototipo de cualquiera, por lo menos el mío. No tengo ninguna intención de tener nada con ella, no es el momento. Sigo con la vista al frente y pido otro wiski. La mujer me observa fijamente.

-Nunca te había visto antes, llevas poco tiempo por aquí.

Es curioso que alguien se fije en mí, por aquí pasa mucha gente, es un sitio de paso. Pienso mal, es otro anzuelo. Estoy paranoico, veo enemigos en todas partes, apuro el wiski y salgo del bar sin despedirme.

Oigo como la mujer dice- ¡Qué mal educado!

Me cerco a ella, quiero besarla, soy suave, tierno, cuando quiero puedo serlo y ahora lo necesito. Abro su boca me introduzco, la beso profundamente mientras la agarro por las nalgas.a odiado de esa forma.

Tengo ganas de gritar, de dar una ostía a alguien, me siento violento y enervado, soy un puto títere. El muñeco de un psicópata. Vuelvo otra vez sobre mis pasos y me enfrento a la mujer del bar. Voy de frente, sin tapadera.

- ¿Qué quieres de mí? ¿Quién te ha dicho que me hables?

Me mira como si estuviera loco- ¡No sé de qué me hablas, piérdete! - se va a dar la vuelta, cuándo le cojo del brazo.

- ¡Sé quién está detrás de todo esto! ¡Dilo! di su nombre.

- ¡Suéltame! voy a llamar a la policía.

-Estás mintiendo, lo veo en tus ojos, estás nerviosa.

- ¿Cómo no voy a estar nerviosa? Un desconocido me está acusando de algo que no he hecho.

-Dile de mi parte que sea un hombre y que venga el, no me mande a ninguna de sus putas.

Me da una bofetada, lo ha hecho con todas sus fuerzas y me ha hecho daño.

- ¡Puto gilipollas! ¿Pero quién te crees que eres para hablarme así? y pensar que me dijeron que eras un buen tío.

- ¿Quién te ha dicho eso? - le pregunto ansioso.

-Nadie- me dice- Nadie y ahora suéltame.

La suelto- Siento haberte insultado- le digo- Hoy he tenido un mal día y lo he pagado contigo. Me parece mentira, que una mujer como tú, se me acerque a hablar sin ninguna pretensión oculta.

Ahora no me contesta y noto en su mirada que oculta algo.

-Lo siento de verdad, perdóname- voy a salir del bar cuando la oigo decirme.

-Espera.

Entonces me doy la vuelta.






Clara

Nunca pensé que sería capaz de hacer algo así. Dejarlo todo y salir corriendo. Cuándo me encontré con Álvaro lo supe, no podía volver con él, era imposible. No mire para atrás, no me di el lujo. Cogí un tren y me adentré en el centro de Madrid, llevo meses viviendo a salto de mata.

He cambiado continuamente de residencia y de trabajo, he hecho prácticamente de todo, limpiadora, reponedora en un supermercado, nunca cara al público y siempre me oculto con una gorra.

Me rapé el pelo y me lo teñí el pelo de rubio platino, y cómo en las películas me puse lentillas de color marrón, me costaba reconocerme en el espejo. Siempre que se me ha acercado gente he estado esquiva, hasta el otro día.

Ahora estoy trabajando en un restaurante dentro de la cocina y de refilón vi a Eduardo, estaba con una mujer cenando. Seguía igual de guapo, se reía como si tal cosa. Su vida, sin mi, había continuado.

En el fondo era lo que quería, el no tenía la culpa de mi problema con Álvaro. Me sentía culpable, yo sabía lo que iba a pasar y no lo pensé dos veces. Me volví literalmente loca por él. Le miro y siento lo mismo, me éxito con verle comer, con cómo se mete el tenedor a la boca. La mujer que tiene en frente piensa lo mismo que yo.

-Te has quedado absorta- me dicen.

Me doy la vuelta, es uno de los camareros, es guapo, alto, rubio, joven y muy simpático, desde que entré a trabajar me habla mucho, es encantador conmigo. hasta hoy, yo no le había devuelto la sonrisa.

-¿Has visto a alguien conocido?

-No a nadie- le digo sonriendo.

Y hago algo que no pensaba hacer esta mañana, me acuesto con él. Lo he hecho por despecho, lo sé. La única persona que es capaz de hacerme sentir así, es Eduardo, influye totalmente en mí, he descargado toda mi excitación sobre este muchacho.

Sé que Álvaro me anda buscando y que no me va a perdonar nunca, le gustaría ser Eduardo, ejercer sobre mi ese poder, pero no puede, es imposible.

El chico con el que acabo de estar se llama Iñigo, es muy cariñoso, me ha dicho que se fijó en mi desde el primer día.

-Te pasa algo, lo noto. Transmites tristeza, es una bobada, pero de alguna forma eso me gusta.

-Haces mal, no soy aconsejable. Te voy a contar un secreto, tengo un exnovio celoso que quiere matarme.

Se ríe, piensa que es una broma.

Al verme seria, se da cuenta que es verdad.

- ¡No me jodas!

-Lo que oyes, y es muy celoso.

-Que miedo- dice con sorna.

-Lo tendrías que tener, te acabo de poner en peligro.

Se vuelve a reír y me coge por la cintura, es un inconsciente, no se ha dado cuenta que hablo en serio.

-Ven aquí- me dice- Hoy moriré por ti.

No me gusta el comentario, pero le sonrío, el chico es de verdad un amor.

He seguido viéndole, lo hago porque cuando estoy con el me siento bien, me río

-Estoy casada- le dije un día.

-¡No me jodas!

Siempre me dices lo mismo.

-Pensaba que tenías un ex celoso, no me hablaste del marido.

-Lo deje por el ex celoso, le estaba metiendo en problemas.

-Entonces yo te importo poco- me dice riéndose.

Siempre se está riendo, para el todo es un chiste.

-Te avise, de todas formas, lo nuestro es distinto, lo pasamos bien juntos, pero no es nada serio.

-Eso lo dirás tú, yo me he enamorado- me lo dice con una risa burlona, sé que es mentira. Es un conquistador nato, en el restaurante coquetea hasta con las clientas.

Me quedo pensativa pensando en Eduardo, no ha vuelto por el restaurante y me gustaría saber que ha estado haciendo estos días.

-El otro día viste a tu marido en el restaurante cenando con otra, me di cuenta de cómo mirabas a un hombre, casi tiras todos los platos al suelo.

-Es mejor así, cada uno por su lado.

-Realmente, estas enamorada de ese hombre.

-No sé si es amor o locura, de verdad no lo distingo, pero sé que no puedo estar con él.

-Era el tío moreno que estaba con la rubia. Les atendí yo, el me pareció un estirado, ni me miro a la cara, eso sí, dejó propina.

-Prefiero no hablar de él, te lo ruego.

- ¡Joder tía! estás mal. La verdad es que yo nunca me he enamorado de esa manera, digo de forma obsesiva, yo que tu iría al psiquiatra.

Me río.

-Él era mi psiquiatra.

-¡No me jodas!

Esta vez se ríe más fuerte.

-Esto es la ostia. Entonces lo tuyo no tiene solución.

Me sigo riendo, con Iñigo todo parece más liviano, me quito una carga cuando hablo con él.

Vamos a salir del restaurante cuando le veo, esta vez va solo. Debe de vivir por aquí cerca. Le agarro a Iñigo y le doy un beso contra la pared. Eduardo no me ve, pasa de largo y le miro, no debo hacerlo, no tengo que mirarle de esa forma.

Está triste, siento su tristeza, él también se acuerda de mí. Veo como dobla la esquina de la calle.

- ¿Quieres que le siga? - me dice Iñigo- Esto es como en las pelis, estoy sumergido en una de ellas.

-Sí, hazlo- le digo- Eso sí, que no te vea.

Veo cómo sale detrás de él y espero como una tonta a que vuelva. Al de diez minutos llega corriendo.

-Vive a dos calles de aquí. Es alucinante con lo grande que es Madrid y que os habéis encontrado. ¿No lo has pensado?

-No he hecho bien.

-No seas tonta ¿quieres que le hable? No me importa, no soy celoso. Eso sí, me debes una.

Me quedo callada, no quiero hacerlo, no me fui de la casa por nada, voy a meter la pata, lo sé.

-No- le digo- Déjalo de verdad, vamos a tu casa, hoy no quiero estar sola.

No puedo dormir, no hago más que pensar en Eduardo, cuando pienso que le tengo tan cerca y a la vez tan lejos…es una tortura. Me he acostado con Iñigo, le he puesto todas las ganas posibles, he intentado pensar que era una Eduardo, he intentado recordar su cuerpo y me ha dado cuenta que lo estoy olvidando.

Me siento triste y sola, sé que ahora mismo no me puedo quejar, Iñigo realmente es un encanto, pero no es él. Estoy llorando, está obsesión mía me está matando.

Al día siguiente intento estar simpática con Iñigo, no he vuelto a mencionar a Eduardo, es lo mejor. Pasan los días y mi ansiedad no cesa. Una parte de mi quiere salir corriendo de allí, volver a huir, otra ir a buscarle.

Pienso en que habrá hecho con su vida, estoy convencida que me ha olvidado, en el fondo nunca sintió lo mismo que yo. Le quiten un peso de encima al marcharme. Vi que se sentía responsable de mí.

-Tú no te preocupes por nada, déjame a mí. Te prometo que no te volver a molestar. Ahora estoy contigo, estamos juntos.

Me agarró de la mano y me sonrío.

Me sentí culpable, un día antes le había acusado de querer matarme y aunque no estaba en mis cabales, le acusé delante de todo el hospital, le metí en un aprieto. Intenté disculparme y me dijo que no era responsable de mis actos.

-El que no ha estado a la altura he sido yo. Soy desconfiado por naturaleza.

Me beso en la boca. Es curioso, pero me sorprendió. Eduardo no es cariñoso y sé que estaba haciendo un esfuerzo conmigo.

- - Te quiero- me dijo-No lo digo mucho porque no estoy a acostumbrado, pero es cierto. Te quiero de verdad, nunca pienses lo contrario. Me casé contigo porque quería pasar mi vida contigo. Para mí eres perfecta.

Me lo dice y me cuesta creerlo, sé que piensa que necesito oírlo y es verdad. Es lo que más deseo.

Ahora me doy cuenta que no era así “has hecho lo correcto" me digo a mi misma. Respiro hondo e intento pensar en otra cosa.

Iñigo me ha dicho para salir con otra gente.

-Te pasas el día encerrada. Anímate.

-No salgo porque tengo miedo. No quiero que me encuentre.

- ¿Quién tu novio celoso o el marido?

-El ex celoso, principalmente.

Se queda pensado y no dice nada.

-Sal tú, no te preocupes por mí, estoy bien, de verdad.

Me da un beso y un abrazo. Iñigo es muy expresivo y cariñoso. Todo lo contrario, a Eduardo. Lo normal sería que me gustase más, pero no es así. Ahora entiendo menos lo que sentía por Eduardo, al principio pensé que como estaba acostumbrada a Álvaro, cualquiera que me tratase bien, me parecía un milagro, ahora está claro que no.

Iñigo al final sale con sus amigos y yo me quedo viendo la tele. Intento no pensar y al final me quedo dormida frente al televisor.

Me despierta Iñigo suavemente.

-Vente para la cama.

Le sonrío y le hago caso. Es muy tierno y amoroso. Estoy hambrienta de afecto y el me lo da.

Acabamos haciendo el amor y cuando terminamos, me dice que ha tenido una idea

-He pensado en ponerme en contacto con tu marido.

Empieza a hablar y no le escucho.

- ¡Ni se te ocurra! te juro que no me vuelves a ver.

-Es para normalizar la situación. Tienes que seguir con tu vida y así te olvidas de él. Pienso que lo has idealizado. Igual te molesta lo que voy a decirte, pero ese tío no te quiere, hoy le he visto con otra mujer, cada día es una distinta. Es un mujeriego.

-Entonces, ¿para qué voy a verle? Mejor así

-Es por ti, para que habrás los ojos. Te pasas el día suspirando por él.

No quiero seguir oyéndole, me duelen sus palabras, me voy al baño y me encierro.

Lloro como una idiota, necesito una lobotomía para sacarlo de la cabeza, esto no es normal.






Eduardo

La mujer me ha dicho que se llama Blanca, no sé si será verdad. Ahora mismo no me fío de nadie. Me ha dicho que sabe dónde está clara. Mi cabeza reacciona al oír su nombre, no quería que sucediese, pero es así.

_ ¿De qué la conoces? - le pregunto.

-Está con mi primo.

- ¿Con tu primo? -no entiendo lo que me dice- ¿Qué están qué exactamente?

-Juntos, vive en su casa. Ella le habló de ti y del ex celoso. Vaya currículum tiene la chica. Yo sólo le he visto una vez, sólo va del trabajo a casa y de casa al trabajo, no sale nunca, dice que tiene miedo. A mi primo, Iñigo, su historia le parece surrealista, por eso me dijo que me acercase a hablar contigo.

La oigo y siento como mi corazón va a estallar, es demasiada información. Lo último que me esperaba, era que Clara viviese con otro hombre,. Estoy cabreado, muy cabreado, me la imaginaba sola, triste y en cambio ha rehecho su vida.

- ¿Qué ha contado de mí?

-Que se enamoró y se casó contigo, el problema fue su ex. No se lo quitaba de encima, tenía miedo, de que te hiciese daño y entonces se fue. Ella no quería volver a verte, pero te encontró de casualidad y con una mujer. Mi primo piensa, que la vida tiene que continuar.

-Quiere el divorcio

-Sí, total ya no sois nada y por lo que me ha dicho lo vuestro no llegó a tres meses. Me imagino que tu pensarás lo mismo, ella le contó que tú no estabas enamorado, que fue ella quién te persiguió.

No le contesto, ahora mismo estoy amargado. Busco al camarero y le pido otro whisky. Que no le quería, tendrá valor. Lo que he soportado, todas sus mentiras, luego me deja sin dejar rastro y ahora me entero que vive con otro hombre. Y soy yo, quién no le quiere.

No conozco a Clara, no sé quién es. Su comportamiento me desconcierta. Ahora quiere el divorcio, pues se lo doy. Que se vaya a la mierda.

-Quiero verla. ¿Dónde viven?

-No es buena idea, ella no quiere verte, no sabe nada de esto. Ha sido idea de Iñigo, le tendría que avisar antes.

-Mejor le doy una sorpresa. Es mi mujer y llevo meses sin saber nada de ella. Tengo ganas de verla

La mujer me sonríe. Es mayor de lo que pensé en un principio, tiene arrugas alrededor de los ojos y va muy maquillada. No se parece para nada a Clara, ella siempre va con la cara limpia y su sonrisa trámite frescura. Ahora mismo pienso en ella y la odio. Me ha engañado completamente.

Me lleva al piso de su primo, es muy modesto, vive en un cuarto sin ascensor, estoy nervioso y cabreado a la vez, siento como mi mandíbula tiembla.

Blanca toca el timbre y tardan en abrir la puerta, insiste y al final la abre un chico, rubio y alto. Solo lleva unos pantalones puesto, le hemos pillado en plena faena. Me mira y se le cambia la cara. Es mucho más joven que yo, tendrá unos veinticinco años. No puedo evitar analizar su físico, es delgado y blanco de piel, tiene ojos verdes. Es un niño guapo.

No se parece a mí, yo nunca fui un niño guapo, no soy tan alto y abulto el doble que el, soy mucho más robusto. Clara no tiene un prototipo.

-He venido a ver a mi mujer- le digo muy serio.

Oigo ruido en la casa, será ella intentado escaparse de nuevo. Me hierve la sangre sólo de pensarlo. Entro en la casa, no se lo voy a poner fácil.

- ¡Clara! -le llamo- ¡No te escondas!

Voy hacia una habitación y me la encuentro, lleva el pelo muy corto teñido de un rubio casi blanco. Sólo lleva una camiseta, está claro lo que estaban haciendo.

-No saludas a tu marido-le digo mirándole muy serio. Estoy tan cabreado que me cuesta hablar

Veo como su cuerpo tiembla, me tiene miedo. Odio cuando se pone así, me compara con el psicópata, me pone a su altura. Estoy recordando cuándo me acusó de querer matarla y ahora mismo no sé qué hago aquí.

-Hola…-logra decirme.

El primo se me acerca, se pone en plan defensor de su novia, cómo si la tendría que proteger de mí. Veo como la coge de la mano, entre ellos hay mucho más que sexo, son pareja.

No es cómo las relaciones que yo tengo, no voy a vivir con ellas, ni les cuento mi vida pidiendo refugio, no hago manitas con nadie.

-Tengo que hablar con mi mujer a solas, por favor-digo muy serio mirando al muchacho a los ojos. Estoy conteniendo las ganas de pegar a alguien, no miento, de matar, y ahora mismo no sé por cuál de los dos empezaría.

Jamás en mi vida había sentido algo parecido, esta rabia interna de sentirte estafado, ni cuando me enteré de lo de mi ex, aquello hirió mi orgullo, pero esto es completamente diferente y pensar que hace tan solo unas horas me sentía culpable.

Clara le mira con complicidad y le dice que todo está bien.

-Solo serán unos minutos. No te preocupes por mí.

La oigo y me irrito todavía más, resulta que yo soy el malo.

Entramos en un cuarto que huele a sexo, al de Clara, para ser exactos. Ha sido casualidad no quiero que me afecte, no quiero pensar en ello.

-Estás viva-le digo-Pensaba que te había matado o cosas peores.

-No, yo me fui

-Eso lo tengo claro, saliste corriendo

-Era lo que tenía que hacer…Álvaro me amenazó, me dijo que si no me acostaba con él, te iba hacer daño

-Y yo soy un niño de tres años. No sé si te das cuenta, que me subestimas y también me ofendes. Tienes un concepto muy bajo de mí y en todos los aspectos

-Eso no es así, todo lo contrario, es porque te quiero mucho

- ¡No vuelvas a decir que me quieres! -esta vez lo digo muy cabreado, estoy tan cabreado que me duele el cerebro, tengo que contenerme para no ponerme a gritar como un loco- ¡Lo tuyo no es amor! ¡Es una puta mierda!

-Si lo dices por Iñigo, yo te vi primero con una mujer, me di cuenta que era lo mejor, tenía que empezar de nuevo. Tú ya lo habías hecho

-No vivo con nadie, pero es verdad, después de que mi mujer me dejase tirado y yo la buscase como un loco por todas partes. Fui a ver a Álvaro, estaba convencido que te tenía retenida, me dediqué a espiarle, mi vida se convirtió en un infierno y luego encima me acusaron en el hospital de acoso sexual

- ¿Quién hizo algo así?

- ¿No te lo imaginas? tu ex. Me tuve que ir del hospital. No había suficientes pruebas, pero no confiaban en mí, tenía que soportar las caras de las enfermeras, sus comentarios, se acordaban de ti, de lo que pasó contigo en el hospital. Cuándo me acusaste de querer matarte y luego acabaste abandonándome, algo tendrá, no es de fiar, su novia muerta y ahora esto…

-Lo siento, sólo te he dado problemas, por eso me aleje. Vive tu vida, olvídate de mí.

-No puedo, tu ex no me deja. Hoy mismo he tenido noticias de él, es cuando me he dado cuenta que no estabas con él. No va descansar hasta acabar conmigo.

-Entonces lo que hice no sirvió de nada-me lo dice triste, realmente se le ve afectada.

Ahora mismo no me creo sus lágrimas, ni su mirada de cordero degollado. No sé quién es Clara, es una desconocida, va de víctima, pero no cumple los patrones establecidos. Su comportamiento me desconcierta mucho más que el de Álvaro, con él sé lo que me puedo esperar, con ella no tengo ni idea.

-Lo siento, no sabes cómo me siento ahora mismo. Me quiero morir.

-No me das pena, al principio me la diste, pero ahora no. Me mentiste desde el principio, desde el primer día. Si hubieses confiado en mí, nos hubiésemos ahorrado muchos disgustos. A ese chico-digo señalando la puerta-Le has contado toda tu vida, le has hablado de mi

-Necesitaba desahogarme, estaba completamente sola

- ¡Y yo! -esta vez he gritado-¡Me he pasado toda mi puta vida solo! ¡No tengo a nadie para contarle todo lo que me ha pasado!

-Las mujeres con las que has estado…- me dice

- ¡Solo he tenido sexo! ¡Nada más! Yo no voy contándole mi vida a nadie, ni mucho menos hablándole de ti, eso es algo mío. ¿Lo entiendes? No, no lo haces, porque eres incapaz de ponerte en mi lugar. Me dices que me quieres y me demuestras lo contrario. La culpa de todo esto fue mía, yo te dije para casarnos y fue un tremendo error, me casé con una desconocida

- ¿Y por qué lo hiciste?

-Porque soy un gilipollas, eso lo tengo claro. En cuanto pueda, arreglamos los papeles del divorcio y haces con tu vida lo que te dé la gana y no me digas nada. Me has demostrado que puedes vivir sin mi perfectamente

-Vale-dice en un susurro.

Veo sus lágrimas, tiene los labios hinchados seguramente le he pillado haciendo lo que mejor sabe hacer. No lleva el sujetador puesto y se le marcan los pezones. Ese pelo rubio le da un punto de niña mala, de rebelde.

No tenía que haberla mirado de esa manera, Clara me atrae, su mirada inocente, su cuerpo, se cómo es sin esa camiseta y ahora sólo pienso en ello.

Me he excitado y el olor de la habitación no ayuda, me tengo que marchar.

-Adiós clara-le digo

No me contesta, su cuerpo tiembla, no ha dejado de temblar desde que he entrado en la habitación, por una extraña razón me gustaría tocarla, me trae como la luz a los mosquitos y sé lo que me va pasar cuando lo haga, que me olvidaré de todo. Ya me acuerdo de porque volví con ella, porque le pedí que se casarse conmigo. Quiero tenerla, estar con ella, me olvidó de sus mentiras y me dejó atrapar, hasta que vuelve a decepcionante. Es una adicción.

Salgo de la habitación, ahora sólo tengo ganas de tomar un trago, algo que me calme por dentro todo esto que siento.







Clara

Lo he hecho todo mal, no ha servido para nada. He arruinado su vida, lo he visto en sus ojos, su odio, decepción, odio. Y todo eso lo siente por mí.

Salgo de la habitación y veo a Iñigo, nos ha oído, o mejor dicho le ha oído a él.

-Está enfadado- le digo

-Ya me he dado cuenta, pero por otra parte es lo mejor, lo vuestro no tiene futuro

-Me he portado como una cabrona. ¿te ha dicho algo a ti?

-No, me ha mirado de arriba abajo con desprecio y se ha ido. No me cae bien, es un prepotente, con su traje y su dinero, es más viejo de lo que pensaba.

-Tiene treinta y ocho

-Eso mismo, un viejo. No sé qué le ves

-Me voy Iñigo, nunca tenía que, a ver venido, me he aprovechado de ti

-Tampoco es eso. Hace un rato lo estábamos pasando muy bien. Reconoce que te gustó

-Me gustas, pero no es lo mismo, ni yo me entiendo, tú eres más cariñoso y simpático que el…pero lo que siento es algo superior. Voy a ir a buscarle, seguramente me mandará a la mierda, pero lo tengo que intentar.

Recojo mis cosas, me caben en una mochila. Es curioso hace años tenía un montón de cosas materiales y ahora me doy cuenta que todo eso no importa nada, si no estás con la persona que quieres.

Camino hasta su portal y me siento en el peldaño del mismo. Aprieto fuerte contra mí la mochila y rezo sin creer para que me acepté de nuevo, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa.

Le veo llegar, no anda recto, está borracho, nunca le había visto en ese estado y me da miedo. No me gusta el efecto del alcohol, me trae malos recuerdos.

Me estoy levantando cuando me ve. Me mira fijamente de arriba abajo.

-Yo…he venido-no me salen las palabras, estoy temblando, siempre me pasa con él, me altera.

-Sube, no te voy a dejar aquí tirada.

Entro, y cogemos el ascensor, vive en el quinto. Me mira, no hace otra cosa, sus ojos me analizan no sé lo que piensa de mí. Voy con una camiseta gris, chamarra vaquera y pantalones negros, no hay mucho que mirar. Sigo apretando la mochila contra mi pecho.

-No te voy a robar, puedes soltarla- me dice- Ese pelo que te has puesto es horrible

-Lo hice para pasar desapercibida

-Está claro que no lo conseguiste.

Huele a alcohol, le cuesta hasta estar de pie

Llegamos a la puerta y la abre concentrado en la llave. Es un piso nuevo, práctico, salón y cocina americana.

-Solo hay una cama y es la mía. Tendrás que dormir en el sofá-me dice-Eso sí, dúchate antes, apestas.

Me quedo quieta, huelo mal, no me había dado cuenta. Asiento con la cabeza, busco con la mirada el baño y entro con la mochila apretada contra mí.

Me miro en el espejo, estoy horrible, nunca me he visto guapa, pero hoy estoy peor que nunca, las ojeras me surcan la cara, tocó mi pelo, es un horror.

Sin pensarlo dos veces me desnudó y abro la ducha, el baño es precioso. Eduardo tiene mucho gusto a la hora de decorar, tiene estilo.

Siento como el agua recorre mi piel, la sensación de bienestar me invade, necesitaba sentirme así.

Oigo un ruido detrás mío, no me da tiempo a darme la vuelta cuándo siento a Eduardo encima de mí, me abre las piernas y me busca, me mete un dedo en la vagina, siento su olor a alcohol en mi nuca.

-Ahora ya sabes porque me casé contigo.

Me quiero dar la vuelta y no me deja, me pone mirando a la pared y se mete dentro, lo hace con fuerza, pujándome sin piedad, sus manos están en mis pechos, los estruja, me hace daño, solo oigo sus jadeos en mi oído. Cierro los ojos, estoy tan excitada que siento como me corro entre sus espasmos.

Se aparta de mi bruscamente y me doy la vuelta. Veo cómo sale dando tumbos de la ducha, apenas se mantiene en pie y llega justo a la cama derrumbándose.

Se ha quedado dormido y le miro, podría estar así toda la noche, pero al final el sueño se apodera de mí y acabo cerrando los ojos.

Me despierto y el todavía sigue durmiendo, su respiración es regular. Observo su cuerpo, es fuerte, Moreno y con vello, tiene mucho, no recordaba tanto. Iñigo apenas tiene, solo una pelusa rubia.

Eduardo es mucho más hombre, más viril. Bajo mi vista hacia abajo, me excito mirándole, sé que no debo, no me ha dado permiso, pero la tentación la tengo muy cerca.

Le tocó con la mano, primero el abdomen y luego voy bajando tímidamente, la chupo con la lengua, solo la punta, y él se mueve. Le he despertado.

Me mira confuso-Pensaba que era un sueño-me dice- O una pesadilla, todavía no lo tengo claro.

-Lo siento-le digo-No lo he podido evitar

-Te pasan cosas muy raras-me dice-Puedes seguir, hace tiempo que nadie me despertaba así, como tú no hay muchas.

No sé si me está insultado, seguramente sí, pero me da igual. Sigo con lo que estaba haciendo, es lo que deseo hacer realmente, lo que me sale de dentro. Disfruto sintiéndole, me entregó a fondo y siento como su semen llega a mi garganta.

Estoy excitada quiero que el haga lo mismo conmigo, me incorporo y le miro.

-Podías dedicarte a ello-me dice.

Me ha vuelto a insultar, pero yo no me muevo. Estoy acostumbrada a que me insulten, Álvaro era mucho peor, más cruel.

-No, no podría. No se lo hago a cualquiera.

Me sonríe con cinismo, sigue enfadado.

-No me has perdonado- le digo desviando la vista.

-No lo pienso hacer, no nos engañemos, volverás a mentir, no espero nada de ti. No sé ni quien eres.

-No soy nadie

-No pienso lo mismo, eres mucho más, no dejas de sorprenderme. ¿Qué has hecho estos dos años?

-Viajar por ahí, con poco equipaje y trabajando de cualquier cosa, ahora estoy en la cocina de un restaurante, ahí fue donde te vi, y luego el otro día yendo a tu casa, por eso sé dónde vivías, fueron dos casualidades

- ¿Has visto a Álvaro?

Niego con la cabeza

-La última vez que le vi fue cuando vivíamos juntos, me lo encontré al salir del trabajo, me amenazó, pero está vez en plan cariñoso, cambio de táctica. Así fue como le conocí, cuando quiere es un encanto.

- ¿Y cómo le conociste?

-Teníamos amigos comunes, una noche de fiesta nos enrollados, yo no le di mucha importancia, pero me vino bien. En ese momento quería salir de otra relación

- ¿Estabas con otro? no sé porque no me sorprende. Saltas de relación a relación. No sabes estar sola y engañas con facilidad. Eres toda una joya.

-Por eso no te hablo de mí, me tienes en mal concepto

- ¿Y la otra relación? sería también tóxica

-Estaba casado

Veo cómo cambia su rostro

- ¿Te liaste con un hombre casado? no sé qué coño hago contigo

-Sabía que ibas a pensar mal

- ¡Y cómo quieres que piense! - me grita-¡No puedo confiar en ti!

- Yo no soy infiel, con Álvaro…

Me interrumpe riéndose

- ¡No sigas! de verdad. Déjalo. Lo nuestro no tiene futuro, en cuanto podamos nos divorciados y cada uno por su lado

-Sé que te gustó

-Solo en la cama, no te lo niego. Para el resto prefiero tener a una mujer honesta a mi lado, aunque dudo que exista, por lo menos yo no la he conocido.

Se va a levantar de la cama cuando le frenó

-Lo del casado, no es lo que tú crees, era el quien me perseguía, no me lo pasé bien, yo era muy joven y me confundía continuamente

- ¿Y quién era?

Me quedo callada, me da mucha vergüenza, no quiero que piense mal de mí.

- ¡A mí no me lo cuentas! pero al niñato ese, seguro que se le has dado todos los detalles…

-No quiero que te enfades-le digo-Sé que hice mal, aquello me torturó durante años…era un familiar

-¿Un familiar? ¿Quién era?

-Mi tío, no era de sangre, era el marido de la hermana de mi madre, yo era muy joven y él siempre era muy simpático conmigo, me sentía bien con él. Mi familia es muy fría, no somos nada afectuosos y yo echaba de menos una palabra de afecto. No sé ni cómo paso, un día se metió en mi habitación. Es la primera vez en mi vida que habló de ello, me ha torturado siempre, cuando Álvaro me empezó a tratar mal, pensé que me lo merecía, por lo que había hecho a mi tía.

- ¿Cuántos años tenías?

Vuelvo a quedarme en silencio, mi cara me arde de la vergüenza, quiero mentirle, no puedo decirle la verdad.

-Quince, catorce, trece, doce…

-Catorce-le digo de golpe-Tenía catorce, me acababa de bajar el periodo, fue un verano, de vacaciones.

Se vuelve a quedar callado, sé lo que pensara de mí. Lo mismo que yo he pensado siempre, soy una mala persona.

-Ese tío tuyo, ¿Sigue casado con tu tía?

-No, le abandono, le acabo dejando. Solo estuvo con ella unos años. Mi tía se sintió engañada por él, siempre cuenta que la utilizó, yo nunca conté nada.

-¿Y nadie sospecho nada raro?

- Mi hermano me miraba raro y muchas veces acababa insultándome, siempre he pensado que lo sospechaba y por eso se alejó de mí. Le avergonzaba como hermana.

-No conozco a tu familia, pero la mía tampoco es para echar cohetes, yo muchas veces he mirado hacia otro lado ante un abuso, no voy a juzgar a tu hermano

-Sé que estas enfadado porque me he acostado con Iñigo, pero tú lo has hecho con otras mujeres, parece que si lo hago yo es un delito imperdonable, pero si lo haces tú, no pasa nada.

-No me molesta que hayas tenido sexo, me duele que confíes más en el que en mí. Conmigo sólo quieres sexo, te tengo que sacar las palabras con sacacorchos.

-Tampoco sé nada de tu vida

-No hay mucho que saber, Silvia fue mi primera novia, aunque no te lo creas no tenía éxito con las chicas, del grupo era el soso y aburrido. No daba juego y era muy responsable. Silvia fue la primera chica que me hizo caso y luego me enteré que sólo me utilizaba para darle celos a Rodrigo, el ligón del grupo, era el quien se llevaba a todas las chicas de calle. Después de lo de Silvia me deprimí, pero luego volví poco a poco a salir, ser médico atrae a las mujeres, tengo cierto estatus económico y a las mujeres eso les gusta

-Piensas que sólo te quieren por ti dinero

- Me da igual lo que quieran de mí, si sería fontanero no me miraría pero la verdad es que me da igual, solo quiero una cosa de ellas, es un intercambio de especies. Por lo demás no tengo nada que contar, no me llevo con mi hermano porque me porte como un carbón cuando era pequeño y con mi madre apenas me veo

- ¿Y por qué no?

-Sin más.

- ¿Y con tu padre

-Mi padre era un enfermo controlador, nos tenía en un puño. En mi casa no se hablaba, yo era muy obediente, mi hermano se llevó la peor parte. Todos llevamos nuestra mochila a cuesta. Nunca pienso en ello, me centro en otras vidas, por eso me hice psiquiatra.

-No soy buena persona, nunca lo he sido.

-Lo que te paso con tu tío, no fuiste responsable, eras una menor. Abuso de ti.

-Jamás fue violento conmigo, todo lo contrario, era muy cariñoso y amable, yo me sentía mal con él.

-Abuso psicológicamente de ti, te manipuló, era un pervertido.

-Él me decía que se sentía así. Yo hice muchas cosas de las que …

No puedo seguir hablando, por hoy ha sido suficiente.

-Te da vergüenza conmigo

-Por supuesto qué me da vergüenza- estoy llorando y mi cuerpo tiembla, él no me toca, pienso que Iñigo ya me habría abrazado, pero Eduardo no. Actúa como un profesional, es frío, mantiene la distancia conmigo.

-No quiero seguir hablando

-Es mejor que me lo cuentes, después te sentirás mejor

-No, no me sentiré mejor, te lo puedo asegurar. Nunca he hecho las cosas bien, he sido siempre un desastre, no quiero seguir hablando de mi porque me verás incluso con peores ojos. Tú te acuestas con cualquiera y no pasa nada, yo lo hago con un chico y me criminalizas, a mí también me dolió verte con esa rubia

-Esa rubia no me importa, no era nadie.

Ahora me río.

-Contigo siempre estoy en desventaja, el día que te conocí sabía que iba a complicarme. Tenía miedo de que Álvaro se enterase de tu existencia, sabía que todo esto iba a pasar y de todas formas me lancé.

-Lo malo es que nunca has confiado en mí, cómo profesional puedo llegar a entenderte, pero contigo no soy racional, no puedo. Puedo decir, que jamás había sentido algo así por alguien, sacas lo peor de mí.

- ¿Nos vamos a divorciar? - le pregunto temiendo la respuesta.

-Sí, Clara es lo mejor para los dos.

-Al final Álvaro se salió con la suya- le digo resignada.

-La culpa de que lo nuestro no funcionase es solo nuestra. No hay confianza entre nosotros. Tu puedes seguir con tu vida, cómo lo has estado haciendo hasta ahora.

- ¿Entonces nunca más vamos a acostarnos?

Me mira, no sé lo que está pensando nunca lo sé y eso me desconcierta.

Me agarra de la cara y me besa, es profundo.

-Esto es solo una despedida- me dice mientras me abre las piernas- Nada más. Ahora vas a saber cómo me porto con las otras mujeres.




Natalia

Nadie se preocupa de mí, a nadie le importo. Busco consuelo conmigo misma, pienso que me voy a volver loca. Le miro buscando su aprobación, no hago otra cosa.

- ¿Qué quieres que haga ahora? - me mira con asco, lleva un tiempo que no puede disimular conmigo.

-Vamos a pasar a la acción. Los actos tienen consecuencias. Ese chico, el camarero…

-Pero él no sabe nada…

Me da una bofetada.

-No hables, me molesta tu voz. Nadie toca algo mío, nadie. Todo el mundo pensara que ha sido el loquero. Los celos, el alcohol, su comportamiento agresivo… ¿Lo has notado? Yo sí, está cambiando, si me descuido me hace el trabajo. Clara es una puta, debería haberlo visto antes, cañudo la conocí, me resulto muy fácil llevarla a la cama, fue luego cuándo se hizo la estrecha. Las mujeres en el fondo sois todas unas putas. La única decente que he conocido ha sido mi madre, pero ella no cuenta, estaba gorda como tú. Mi padre no la soportaba, le gustaban las jovencitas, un día se fue a por tabaco y no volvimos a saber nada de él. Era un depredador latente, solo había que darle un empujoncito para que se lanzase. Le entendía perfectamente, pero yo soy más bien un francotirador, no me vale cualquiera, busco mi objetivo y doy en el blanco. Clara era perfecta, mi alma gemela. Lo supe nada más verla.

No digo nada, esta vez, me quedo callada. Hemos estado siguiendo a Eduardo desde que dejo el hospital, de Clara hasta hoy no habíamos sabido nada. Fui yo quien le dio la idea. “al final ella le acabará buscando” y así ha sido. No sé dónde yo quedo en todo esto, cuándo obtenga lo que quiera, sé que me dejará tirada y mientras tanto, aquí sigo esperando.

Continuara…

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