e28a0b2 Otoño
  • Itziar Mateo Antuñano

Otoño

David

Falta un mes para las navidades y cuándo recuerdo el verano, es cómo si aquello nunca hubiese sucedido. Desde entonces, no he vuelto a ver a Cristina. Intento no pensar en ella, aunque en el fondo sabía que esto iba a suceder.




De vacaciones todo estaba bien entre nosotros, nos pasamos los últimos días juntos, haciendo el amor y yendo de la mano. A pesar de que no hablábamos de ello, de nuestros sentimientos, todo era perfecto.

Era como cuándo nos conocimos, había una complicidad tácita entre nosotros dónde sobraban las palabras.

Todo empezó a torcerse cuando llegamos al aeropuerto, ella estaba callada y taciturna. Le pregunté si estaba bien y me contestó con una sonrisa.

-Nunca he estado mejor.

-No tiene por qué cambiar nada- le dije- Depende de ti, de lo que tú desees. Yo quiero estar contigo.

Respiro hondo y no me contesto.

Isabel y Roberto siempre han sabido de mi obsesión por ella. Isabel se alegró de nuestra relación, en cambio Roberto piensa que Cristina es problemática, no me la recomienda en absoluto.

-Vuelve con Ana. Esa tía está loca, esos cambios de humor no me gustan nada. Sé que te la va a montar y tú vas a ir detrás de ella, cómo un perrito faldero. Es una consentida y una mimada, se cree superior y no merece la pena. Ana es una mujer de verdad, y con los pies en la tierra. Encima se ha acostado con la ostia de tíos, incluidos amigos nuestros. Yo te advierto, vas a ser el hazme reír.

-A mí eso no me importa. Sé lo que quiero, me da igual lo que opinen los demás.

-Eso lo dices en caliente, en cuanto empieces a oír comentarios sobre ella, te vas a arrepentir. A mí por lo menos, no me gustaría que hablasen así de Isabel.

Me jodió oírlo, pero tenía razón. Al poco de llegar quedamos con los amigos y algunos empezaron a hacer chistes a costa de Cristina.

- ¿Qué tal con Cristina? ¿A cuántos tíos se ha tirado? Cuando me enteré que ibais a ir, ya era tarde, si lo llego a saber antes me apunto y me pongo a la cola. A mí no me hace ascos, me la he tirado en un par de ocasiones y entre las tetas y el culo que tiene…

- ¿Por qué no te callas? - le interrumpí.

-Bueno, ya sabemos quién se la ha tirado- me contestó con una sonrisa- Pero no te enfades, la podemos compartir.

Intente mantener la calma y no partirle la cara. Ese día había quedado con Cristina, quería que supiesen que estábamos juntos, estaba esperando impaciente a que llegase, para decirlo, pero se estaba retrasando. Le mandé un mensaje.

‘’ ¿Dónde estás? Te estoy esperando ¿No te habrás rajado?’’

No me contestó y entonces entendí que sí. Me acababa de dar plantón.

Roberto se portó como un buen amigo y no dijo nada al respeto, se dedicó a estar callado. Al final nadie se enteró de lo que había pasado entre nosotros en Ibiza, se quedó entre nosotros cuatro.

La que se dio cuenta en cuanto me vio, fue Ana. Tenía cara de culpable.

- ¿Te has quedado a gusto? - me preguntó conteniendo la ira- Es lo que llevabas años deseando.

-Lo siento, tenías razón.

-Siempre tengo razón y ahora me imagino que pasa de ti.

-Eso es cosa mía. Te quiero mucho Ana y por eso es mejor que…

- ¡Cállate! - me contestó- Das pena, ¿qué me quieres? Los dos sabemos que eso no es cierto, nuca me has querido, lo he sabido siempre, ahora ya me da igual. Estoy con otra persona.

-Me alegro, de verdad quiero que seas feliz.

- ¿No me preguntas quién es?

-No es asunto mío.

- Es Guillermo.

Me parece haber oído mal.

- ¿Guillermo?

-Sí, tu jefe.

Me quedo lívido.

- No puede ser, el padre de Cristina.

-El mismo. El, bueno…ahora ya no importa que lo sepas, llevaba tiempo echándome los tejos, le gustaba. Nosotros estábamos juntos y no podía hacerle caso. Cuando lo dejamos, él se enteró y vino a verme.

-No sabía nada.


Nosotros trabajamos juntos en la misma empresa, Isabel, Ana y yo. Ellas trabajan codo con codo en el mismo departamento comercial y fue ella quién me la presentó. Ana es una mujer muy guapa y tiene una personalidad arrolladora, cae bien a todo el mundo.

Es muy extrovertida y siempre tiene algo interesante que contar, a mí me gustó desde el principio, fue la novedad de la oficina, todos querían con ella. Y fue Ana la que me eligió a mí.

Ella me contó que le gusté desde el primer momento, no entendía que un chico como yo, estuviese soltero. Ahora ya no me mira con los mismos ojos, en estos momentos, me está fulminando, me odia.

-Bueno, ya lo sabes. Cristina por supuesto tampoco está informada. Su padre no quiere contárselo, la sobreprotege, pero eso tú ya lo sabes. Es una niña consentida y mimada.

La noticia me ha dejado totalmente fuera de lugar, era lo último que me podía imaginar. Los había visto hablar en multitud de ocasiones, pero nunca había intuido ningún interés por parte de Guillermo.

Su jefe es un hombre muy cercano, para algunos demasiado. Ha hecho de la empresa una familia, por lo menos para mí y tiene un buen trato con todos sus empleados. Conmigo la relación es ejemplar, me trata como a un hijo y me da buenos consejos. Si es verdad que alababa mucho a Ana, decía que era una mujer excepcional y que tenía mucha suerte, pero jamás le vi mirarla con ojos de deseo. Está claro que me confundía.

- ¿Tú le quieres? - le pregunto a Ana- ¿O solo estas con él por hacerme daño?

-Tú no eres el centro del universo David. Guillermo es un hombre muy agradable y si estás pensando en la diferencia de edad, estás muy equivocado. Puede que me lleve treinta años, pero en mentalidad estamos muy cercanos, sobre todo es un hombre que escucha y me hace sentir bien. Jamás me he sentido tan querida- me lo dice con retintín, realmente está dolida.

-Me alegro por ti, de verdad que me alegro, deseo que seas feliz.

-Gracias. Yo sé que tú no lo vas a ser, por lo que me ha contado Guillermo, su hija es un horror. ¿Sabes que le llamó llorando desde Ibiza? Estábamos juntos y la oí llorar hablando de su madre. No lo ha superado y no lo va a hacer nunca, por mucho que se opere las tetas. Lo que tendría que operarse es el cerebro, y eso no puede hacerlo.

-Conozco muy bien a Cristina, sé de sus inseguridades.

- ¿Y? ¿Las ha superado acostándose contigo? No, ¿verdad? Esta como una puta cabra, lo dice hasta su padre. ¿sabes lo que ha tenido que soportar ese hombre? Su hija ha llevado a un reguero de hombres a su casa, y solo para tener sexo. Él se lo consiente todo, nunca interviene en su vida sexual, eso sí, la niña piensa que su padre solo es de él. Guillermo no ha rehecho su vida por culpa de su hija.

-Puede que ahora contigo lo haga.

-No lo dudes, yo no me voy a quedar en una esquina, esta vez no.

Saber que todo esto lo está haciendo por mí, me duele. Quiero de verdad a Ana y sé que la he hecho mucho daño. Soy responsable de todo lo que suceda, porque sé que no puede acabar bien.

Me despido de ella y le deseo que sea feliz, ella me da dos besos como si fuésemos dos viejos amigos.



Me voy con la mala conciencia que no me he portado bien con ella. Miro el móvil, le he mandado un montón de mensajes a Cristina y ni siquiera los ha leído, le he llamado y no me coge el teléfono. Me vuelvo a sentir como un estúpido.

‘’No voy a estar esperándote toda la vida’’- le pongo.

Por fin me contesta.

‘’No lo hagas, sé feliz’’

Cuando lo leo siento ganas de gritar, de gritarle a la cara.

‘’Cobarde de mierda’’. Lo envió y me vuelve a contestar.

‘’Vuelve con tu novia, olvídate de mí, tus amigos tienen razón, no voy a cambiar, no quiero novio, no eres tú, soy yo. siento todas las cosas que te he dicho, tu eres un buen chico’’

Lo leo y siento como mis ojos arden. Me está mandando a la mierda por wasap, esto es lamentable.

‘’Tienes razón, que te vaya bien bonita’’

Paso de ella y esta vez de verdad. Estoy harto, llevo tanto tiempo obsesionado con ella que no es normal, que se joda.




En el trabajo estoy serio y taciturno. Isabel sabe que no estoy bien y me cuenta que Cristina se ha marchado de viaje.

-Ha puesto distancia entre los dos- me dice- Tiene miedo, ella es así, tiene miedo a que la hagan daño.

-Siempre la justificas, pero esta vez no te lo compro. Ha salido corriendo porque es una cobarde, todos tienen razón, es una tarada.

-No me gusta que hables así, yo de verdad le aprecio. Llevo toda mi vida oyendo hablar mal de ella, en el colegio era horrible, no sabes lo que paso.

-Es que me da igual lo que le hicieron otros, yo me he portado bien con ella.

- ¿Sabes lo de Ana?

-Sí, me lo ha contado.

- ¿Qué piensas?

-Que lo hace por despecho, me siento mal con ella.

-No lo hace por ti, lo hace por Cristina, la odia y quiere hacerle daño.

-Preferiblemente quiere herirme a mí, me duele que haga algo así, ella vale mucho más que nosotros.

- ¿Y Guillermo? No has pensado en él. Todo esto me parece muy raro, él era simpático con ella, pero yo nunca vi nada. Ahora no sé qué pensar, hasta Roberto está alucinando, me ha dicho que en cambio venir a trabajar, esto parece un puterío. En su trabajo están prohibidas las relaciones amorosas entre los empleados.

-Todavía no he hablado con él. Pero sí, estoy muy sorprendido.

Hacia Guillermo, siento ante todo admiración y respeto, es el padre que me gustaría haber tenido. Es honrado, trabajador, honesto y agradecido. Se ha dedicado en cuerpo y alma a la empresa y a su hija.

Desde que he retomado el trabajo no le he visto y no quiero que por motivos personales nuestra relación profesional se resienta, en cuanto lo vea quiero hablar con él. Voy a ser sincero en todo momento, sé que lo primero para él es Cristina y quiero que sepa que yo no me he aprovechado de ella, que no soy uno más. Su relación con Ana, es cosa suya y no quiero interferir.

Al final es él quien me llama a su despacho.

- ¿Puedes venir un momento David?

Solo entrar me dice que cierre la puerta, por favor.

Pensaba que no me iba a poner nervioso y en este momento veo que mi mano tiembla, me doy cuenta que tengo miedo de que me despida.

-Tenemos que hablar.

-Lo sé. Este verano han pasado muchas cosas- le digo- Ana y yo lo dejamos, aunque bueno eso ya lo sabes.

-Sí, estoy informado- me contesta.

-Ana me lo ha contado, que estáis juntos.

-Me gustaría que serias discreto en la oficina, no quiero chismorreos, aquí soy el jefe y vengo a trabajar. Lo que hago en mis tiempos libres es cosa mía.

-Lo entiendo y lo respeto- le digo

-Ana, bueno, un día me la encontré llorando y me dijo que habíais roto. Nos pusimos hablar y nos encontramos a gusto. No tengo que darte explicaciones, sé que piensas que soy un viejo y que Ana podría ser mi hija. Es algo que pienso todos los días.

-Yo no voy a juzgar eso.

-Eso mismo es lo que me gusta de ti, que no juzgas a las personas, sé que es por lo que te paso con tu padre, te has sentido siempre juzgado. Pero es verdad, yo nunca he tenido una relación con una mujer tan joven, no te voy a decir que no estoy encantado porque mentiría, pero si un poco confuso. Todo esto es muy complicado y por supuesto Cristina no lo sabe.

-No seré yo quién se lo diga.

-Sé que habéis estado juntos este verano, me lo ha contado. Dice que os reconciliasteis después de tantos años.

Me hace gracia oírlo, teniendo en cuenta que me ha vuelto a dejar.

-Ahora no estamos juntos.

-Eso también lo sé. Mi hija es una chica muy complicada.

-Se ha ido de viaje.

-Sí, viaja mucho.

No me dice nada más y yo me quedo mirándole como un panoli. En el fondo estoy deseando que me hable de ella, que me cuente donde se ha ido, si está sola y cuando piensa volver.

-Te voy a dar un consejo, y esto que quede entre tú y yo, si algún día repites mis palabras juro que las negaré. Olvídate de ella, Cristina no te conviene, es mi hija y la adoro, la quiero con toda mi alma y por eso mismo te lo digo, llevo toda mi vida sufriendo por ella. Ser su padre es lo más difícil que me ha pasado. Da un paso para adelante y diez para atrás. ¿Sabes lo que es estar desayunando y ver cada día un chico distinto salir del cuarto de tu hija? Te dan ganas de matarlos a todos. Yo no me meto con su vida sexual, pero no me gusta que mi hija sea la comidilla de la oficina. Le he dicho muchas veces que sea más discreta y que si hace eso jamás ningún hombre la va a tomar en serio. Ella se ofende cuando lo digo, dice que no le importa lo que piensen, que es ella la que no se toma ningún chico en serio.

-Es verdad, doy fe de ello, yo la tomo en serio y también Juanjo.

- ¿Juanjo? - me dice intentando mantener la calma- Ese es el peor de todos, se toma unas confianzas conmigo que no se las he dado. Utiliza mi casa como si fuese un burdel ¿Sabes que trajo a una de sus fulanas a casa? Eso fue el colmo, yo me iba ir de viaje, pero al final se canceló el vuelo, cuando llegué me lo encontré en mi cama con una chica y no era mi hija. La falta de respeto de ese chico no tiene límites. Al día siguiente apareció con un reloj de pulsera. ‘’Por las molestias’’ me dijo. La verdad es que no sé cómo he aguantado tanto.

- ¿Y Cristina dónde estaba?

-En uno de sus viajes, no me preguntes con quién iba. No se lo conté y no sabes de lo que me arrepiento, no me quito a ese chico ni con agua hirviendo. Es un insustancial. Le tengo prohibida la entrada en casa, pero a la mínima me lo encuentro, le da igual mi opinión, piensa que con su dinero lo puede comprar todo, es igualito a su padre.

-En el fondo está enamorado de Cristina.

-Eso no es amor, y por desgracia se parece demasiado a mi hija. Sé que es muy duro lo que te estoy diciendo, pero es la verdad. Cristina es sumamente complicada, nunca está contenta y nunca va a superar lo de su madre, es auto destructiva y mina la salud de los que la queremos. Y te lo digo yo, que sufro cada cosa que le pasa. No sé qué hacer, no sé qué decir para que cambie. Se lo doy todo y está claro que lo he hecho muy mal.

-No te culpes.

-Sí, si me culpo. Me siento totalmente fracasado. He conseguido tener el éxito profesional que tanto ansiaba y no soy feliz, no puedo serlo cuando voy a…

Se calla, siento cómo se emociona.

-No tenía que haberte contado nada, ahora me siento culpable con ella. Es mi niña. Tú no tienes hijos y no sabes lo que se siente, lo que se les quiere. Me duele todo lo que le pasa, pero no puedo hacer nada. Quizá si hubiese actuado cuando era pequeña, era una niña tan vulnerable.

-La culpa fue de su madre.

-No me hables de ella, esa mujer no se merece ni un segundo de mi tiempo. Olvídate de todo lo que te he dicho, son cosas muy íntimas de Cristina, ella se muere si sabe que te lo he contado.

- ¿Qué te ha contado de mí?

-Lo que ya sabía, que eres muy guapo y un buen chico. Me ha dicho que te has portado muy bien con ella.

- ¿Y? - estoy ansioso, sé que tendría que callarme, pero él ha empezado a hablar- ¿le importo?

-Por supuesto que le importas, te tiene mucho aprecio, le pareces perfecto.

- ¿Entonces? no entiendo porque me ha dejado.

-Porque ella es así. No quiere ser feliz. El otro día le llamo Juanjo y volvió a quedar con él. Yo l e dije que no lo hiciera, pero no me hizo caso, nunca me hace caso.

- ¿Se ha ido con él de viaje?

-No, se ha ido sola. Lo sé porque esta mañana Juanjo ha venido a buscarla a casa. Él es más insistente que tú, sabe que Cristina no contesta los mensajes del móvil, con ella hay que hacer acto de presencia.

-La conoce mucho mejor que yo.

-Sí, la conoce muy bien y va a estar ahí cuando regrese, seguramente con un ramo de flores.

-Pensaba que no era de esos. A Cristina no le gustan las flores.

-No le gustan, le encantan. Sobre todo, las rosas rojas. Todo lo que cuenta mi hija es mentira, llora viendo películas románticas, se empapuza a helado frente al televisor con una caja de cleanex. Ha creado un personaje frente al exterior que le supera con creces, en cuanto llega a casa se transforma, es como una niña pequeña. No ha cambiado nada, sigue siendo la misma de siempre.

Le oigo y me sonrío. Eso ya lo sé, de esa es de la que estoy enamorado. Puede que Guillermo piense que me ha desalentado con sus palabras, pero al revés, me ha dado pistas. Voy a convencerla que ella se lo merece todo, que puede ser feliz.

- ¿Cuándo va a volver? - le digo pensando en ser yo quien la reciba con las flores.

-No lo sé. Por mi experiencia cuando ella lo decida, me lo dirá el mismo día.

Vale, me sonrío. Llevo años esperándola, unos días más no son nada.






A pesar de los pesares estoy contento y no quiero que nada afecte a mi estado de ánimo. Mi padre desde que salió de la cárcel, lleva días mandándome mensajes. Quiere verme y yo no. Con él siempre me siento como un mal hijo. Me avergüenzo de él, esa es la verdad y tengo razones de peso para hacerlo.

La convivencia cuando vivía con mis padres era muy complicada. Mi padre era el que gobernaba, hacíamos lo que él mandaba y nunca le replicábamos. Mi madre es una mujer muy sumisa y siempre nos decía a mí y a mis hermanos, ‘’hacer caso a vuestro padre’’

Cuando era pequeño no me falto nada material, mi padre por aquel entonces ganaba dinero a manos llenas y lo gastaba sin medida. Luego descubrimos de donde venía el dinero y de un día para otro nos vimos en la calle, con una mano detrás y otra delante. A mis dos hermanos mayores les pillo fuera de casa y aunque también les afectó la situación, no fue tanto como a mí. Me echaron del colegio, mi padre había estafado incluso a padres del colegio, no tenía ningún escrúpulo.

Recuerdo esa época como una pesadilla, pero empecé de nuevo en un instituto público y ahí fue donde conocí a Roberto y el me presentó a sus amigos. Puedo decir, que tuve mucha suerte, hice nuevas amistades y ahí fu cuando conocí a Cristina.

Durante los años que mi padre se pasó en la cárcel apenas fui a visitarle, cada vez que le veía me lo echaba en cara.

-No hacías ascos a mi dinero y ahora te avergüenzas de tu pobre padre. Eres un desagradecido.

Nunca le contesto no puedo, ejerce mucha influencia sobre mí. De pequeño buscaba siempre su aprobación y era difícil de contentar, solía decir que había salido una nenaza, que era muy flojo. En cambio, mis hermanos mayores eran más como él, más seguros de sí mismos. Yo era quién recibía la colleja en clase y mis hermanos quienes las daban.

- ¡Tú eres tonto chaval! - me decían ellos- ¡Espabila, ponte las pilas! ¿A quién coño has salido?

Al día de hoy, no me llevo con ellos. Desde que pasó lo de mi padre, la familia se disolvió por completo, tengo sobrinos que no conozco.

Lo que no entiendo es porque me llama a mí, teniendo a mis hermanos, ellos se parecen más a él. No me gusta pensar en todo esto, me trae muy malos recuerdos. Mi padre es un hombre muy temperamental y pierde los estribos con facilidad. Tengo en la memoria gravados bofetones repentinos y no quiero verle la cara.

No tengo a nadie con quién hablar de todo esto, antes se lo contaba a Ana, pero ahora no puedo. Pienso en Cristina y sé que no es la persona adecuada para desahogarme, ella me tendría que entender mejor que nadie, por lo que le paso con su madre. Pero la realidad es que no lo hace, siempre me ataca con lo de mi padre, dice que somos iguales. Cuando pienso en ello me siento todavía peor, no sé cómo he estado tanto tiempo enganchado a alguien, que tiene un concepto tan bajo de mí. Tengo serios problemas de autoestima.

Me siento muy solo, demasiado solo para ser un hombre. Los hombres no se pueden dar el lujo de sentirse mal, ni de llorar. Eso me lo decía mi padre todos los días. Que tenía que ser un hombre de verdad.

Cristina tiene mucha suerte de tener a su padre, se lo he dicho muchas veces, el mío es una losa.

Me llaman por teléfono y esta vez es mi madre. Tengo tentaciones de no cogerle, por supuesto no lo hago y descuelgo.

-Hola mama.

-Hola cariño. Tu padre quiere verte.

-Yo no.

-Es tu padre David, él te trajo al mundo. Sé que llevas muy mal todo lo que pasó, pero él no fue el verdadero culpable, le engañaron.

Esa es la versión de mi padre, siempre dice que había una tercera persona implicada y que le dejo a él todo el marrón. No me lo creo, no veo a nadie engañándole.

-Tengo mucho trabajo.

-Solo serán unos minutos, es tu padre. No sabes lo mal que se lo ha pasado. Le condenaron injustamente y ahora su hijo le niega.

-Tengo prisa, te tengo que dejar.

Cuelgo pensando en que no tenía que haber cogido la llamada, sabía lo que me iba a decir, ella le defiende siempre.

Me he quedado todavía peor.

Son las tres de la mañana y no puedo dormir, no hago otra cosa que darle vueltas a lo mismo, cierro los ojos y le veo. Sé que no me quiere para nada bueno, que me va a traer problemas.

Cojo el móvil y miro los contactos. Cristina está en línea, está wasapeando con alguien. Tengo tentaciones de escribirle, pero pienso que tengo que ser más directo, no me conformo con un mensaje, quiero oír su voz.

Llamo y me descuelga de la misma.

- ¿Qué quieres ahora? - su voz suena irritada- ¡Te he dicho que no me llames!

-Siento haberte molestado- le contesto.

-Ah, eres tu…pensaba que…

- ¿Qué era uno de tus amantes? - le digo molesto.

-Es que tú nunca me llamas a estas horas, bueno a estas ni a ninguna. Solo Juanjo lo hace.

-Me imagino, estabas wasapeando con él.

-Lo siento de verdad, tenía que haber mirado quien llamaba, he metido la pata.

-No pasa nada, no quiero molestarte, sé que no son horas para llamar a nadie. No podía dormir.

- ¿Te pasa algo?

Dudo unos segundos, no sé si es buena idea hablarle de mi padre.

-No será por Ana, yo lo he negado, no se lo he contado a nadie. Te prometí que no iba a dar problemas y lo he hecho. Entiendo que quieras volver con ella, es una buena chica.

-No es por Ana…es por mi padre. Sé lo que piensas de mi…la verdad es que no tenía que haber llamado.

-No pienso nada malo de ti. ¿Ta ha hecho algo?

-No, solo quiere verme, y yo no quiero. Mi padre me trae malos recuerdos.

-Entiendo.

-Es una bobada, ahora soy adulto.

- ¿Le sigues teniendo miedo?

La oigo y me da un vuelco al corazón. Se me había olvidado, se lo conté. Le hable mucho de mi padre, de lo que sentía de pequeño por él. Ahora me siento como un estúpido. Cristina siempre se ha reído de mis sentimientos, no ha parado de compararme con él.

-Claro que no le tengo miedo, es un desgraciado. Solo me da pena.

-No se la tengas, él no la tuvo. No le veas, no le debes nada.

-Siento haberte molestado, soy idiota. Vas a utilizar cada palabra que diga para usarla en mi contra.

-Tienes muy mal concepto de mí- me contesta.

-A los hechos me remito. Yo nunca conté a nadie tus intimidades, tú no has hecho otra cosa. Sé que no me debes nada. Lo nuestro fue solo sexo.

-Te lo dije desde el primer momento.

-Cuando te aburras me puedes llamar para echar un polvo, ahora mismo es lo único que busco.

-Estás enfadado conmigo y lo entiendo, pero es mejor así. La gente no cambia.

Oigo una llamada entrante, la están llamando. Seguramente será Juanjo.

-Te dejo, no quiero que Juanjo se impaciente, podéis seguir con vuestros juegos.

Cuelgo. Me siento más estúpido todavía, no paro de hacer el ridículo, mi padre tenía razón soy un nenaza.

Me manda un mensaje.

‘’Siento de verdad lo de tu padre, perdóname. Sé que me he portado cómo lo que soy, una hija de puta’’

El mensaje no me hace sentir mejor, no es lo que quiero oír de ella. No sé porque me molesto, no sé porque sigo aquí como un idiota.





Al día siguiente en el trabajo Isabel se acerca a mí, debo tener mala cara, porque se da cuenta que algo me pasa.

- ¿No estarás así por Cristina?

-No, he pasado página.

-Haces bien. Olvídate de ella. Hay chicas nuevas en la oficina. Hoy después del trabajo, vamos a salir a tomar algo. ¿Te animas?

-Por supuesto.

Me sonríe y se va. Isabel es una tía de puta madre, la verdad es que me tenía que haber fijado en ella, es guapa, simpática, cariñosa y sobre todo muy buena persona. No como su amiga la diabólica.

Estamos en un bar de moda y ya llevo más cubatas de lo habitual, estoy contento, me rio por todo y no quiero pensar en nada. Isabel tenía razón, hay material nuevo, lo malo es que las tengo que ver todos los días en el trabajo y no me apetece. Hoy solo quiero echar un polvo si ningún tipo de atadura.

Estoy en la barra pidiendo cuando veo a Juanjo al lado mío. No le veo desde Ibiza y no le he echado de menos. No nos caemos bien, la manía es mutua.

- ¿Qué tal? - me pregunta.

- ¡Muy bien! - le digo- Aquí, fraternizando con las nuevas compañeras.

-Aprovecha la soltería, es el mejor estado. Yo sigo cómo siempre, cepillándome cada día a una diferente.

-Me alegro.

-El otro día estuve con Cristina, quedamos, bueno te puedes imaginar para qué. Quería despedirse antes de irse de viaje y acabamos en la cama. La verdad es que tiene un culo que me pone a cien.

No quiero seguir oyéndole.

-Me están esperando-le digo.

Me voy a marchar y me agarra del brazo.

-Sé que me odias por lo de Cristina, pero yo no tengo la culpa de que lo vuestro no funcione, no tiene nada que ver conmigo.

-No me interesa vuestra relación, no me la cuentes.

-Es solo sexo, follamos como animales, nada más. En cuanto se corre se marcha, en el fondo es ella quién me utiliza y lo sabe. Fue ella quién me llamó, lo hace siempre, en cuento discute contigo, me busca. Tenía que darte las gracias, no sé ni las corridas que te debo, he perdido la cuenta. No había probado esas súper tetas gigantes que se ha puesto, no sabes lo que ha sido correrse en ellas. Bueno... igual si lo sabes.

Me guiña un ojo y tengo ganas de partirle la cara, pero a la que odio con todo mi ser es a la puta de Cristina, ahora mismo le deseo lo peor, le deseo un cáncer de coño para que se le caiga a trozos.

Es una puta, me lo ha vuelto hacer. Siento un odio recalcitrante hacia ella y no me lo pienso dos veces. Cojo el móvil y le escribo.

‘’Eres una puta, ojalá te mueras’’

Siento una rabia infinita y es cuando entonces veo a Ana. No quiero ni mirarla a la cara. Ella también es otra víctima de Cristina, la puta. Por desesperación ha acabado acostándose con Guillermo, lo pienso y se me revuelven las tripas.

Se me acerca una de las nuevas, se llama Sonia y está bastante borracha. Se me insinúa al oído y yo no pierdo oportunidad.

-Donde tú quieras guapa.

Le llevo a mi casa y acabamos en la cama. La follo sin piedad, descargo con ella toda mi ira y cuando termino no me siento mejor. Todavía tengo a la puta dentro de mi cabeza. No me la saco de la puta cabeza. odio.

‘’Te van a salir ladillas de tanto follar’’ le escribo

‘’Ahora pienso en ti y me da asco, cuantos tíos habrán estado ahí’’

‘’Hueles mal’’

Estoy muy cabreado y escribo los mensajes uno detrás de otros, sin pensar.

Sonia me mira extrañada.

- ¿Qué haces? ¿No estarás escribiendo a tu novia?

-No, a una puta con la que me enrolle, es la hija del jefe.

-Ya he oído hablar de ella, se ha tirado a la mitad de la oficina. Debe de ser de armas tomar. ¿Y porque te molestas con ella? Todos saben cómo es, nadie se la toma en serio.

-Yo tampoco.

No sigo hablando, ahora me doy cuenta de hasta dónde llega mi estupidez, yo soy el único que la ha tomado en serio y todavía no sé por qué. Es una zorra asquerosa. Todos la usan, eso es a lo que está acostumbrada. ¿Qué quiero follar? solo tengo que llamarla y ya está. Me meto en su cama, me la tiro y me voy.

Me estoy volviendo loco, siento como el odio se apodera de mí, nunca he sentido nada tan fuerte por nadie, ni por mi padre. Ahora lo veo todo más claro, la voy a joder viva, voy a darle de su propia medicina.

Cojo el móvil y hago una llamada.







Isabel

Vaya racha llevo, desde que se terminó el verano, no levanto cabeza. Hay mal ambiente en la oficina y se ha contagiado. Desde que Ana y David rompieron, ella se ha distanciado, me dijo que yo realmente era amiga de ellos, de David y Cristina.

-Sobre todo de ella, os conocéis desde la infancia.

-Es verdad, pero tú también eres mi amiga.

-Lo siento, pero ahora mismo no puedo- me dijo

Sé que Ana se lo ha pasado muy mal con lo de David y no es para menos, pero acabar acostándose con Guillermo, es demasiado fuerte.

-Podría ser tu padre.

-No lo es y la verdad, es que nunca me he sentido tan querida. Guillermo es un hombre muy especial y no todo es el físico.

Es verdad que es un hombre muy agradable y muy cercano, yo misma me he desahogado muchas veces con él, pero de eso a irme a la cama. A mí se me hace imposible.

No entiendo a Ana, es una mujer muy guapa, morena de ojos negros y tiene un cuerpo que ya lo quisiera para mí. Sé que tiene mucho éxito entre los chicos, la miran mucho y a la mínima coquetean con ella, no le hace falta irse con un hombre más mayor y mucho menos con Guillermo, me parece morboso y enfermizo.

-Es el padre de Cristina, te has ido con él, solo para hacerla daño.

-Estás muy equivocada, es algo que surgió sin buscarlo. Él no tiene la culpa, de tener esa hija, es una desgracia.

Ana no soporta a Cristina, la odia incluso antes de conocerla. Me acuerdo de cuando le presenté a David.

-Está buenísimo- me dijo.

-Sí, y está colado por una amiga mía, Cristina, lleva años loco por ella.

-No lo entiendo ¿Qué le da esa chica?

-Nada, la verdad es que se llevan fatal. Se pasan el día discutiendo, ella se va con otros delante de sus narices y él se queda sufriendo por su culpa.

Le enseñé una foto de Cristina y se puso a criticarla.

-Qué fea es y esas tetas, ¡Ay por Dios! Es un orco.

No me gusta que critiquen a Cristina, con ella tengo complejo de defensora, me viene de cuándo éramos unas niñas. A ella siempre la insultaban, le llamaban’’ la gorda’’,’’ la fea’’ Los otros niños se metían con ella. ‘’Eres tan fea que no te quiere ni tu madre’’. Eran muy crueles y yo siempre la encontraba llorando en los cuartos de baño, la pobre sufría muchísimo, tenía tendencia a engordar y cuanto más se metían con ella, mas comía. Era un círculo vicioso.

Luego empezó a intentar superar sus complejos operándose y con los años lo empeoró, se convirtió en un personaje histriónico y las burlas hacia ella empeoraron. Me cuesta defenderla y mucho más con su comportamiento, se lía con cualquiera y nunca piensa las consecuencias. No entiendo porque lo hace y cuando le se lo comento, me dice que es una mujer liberal, que es dueña de su propio cuerpo.

Antes de conocer a Roberto éramos inseparables, ella era muy tímida y yo era mucho más abierta, le presentaba chicos, pero nunca llegaban a nada. La verdad es que la que ligaba era yo, y lo que más me gustaba de ella era que nunca me tuvo envidia.

Me solía decir.

- Me gustaría haber sido tan guapa como tú, pero soy fea. Tengo granos, un pelo horroroso que parecen que me ha electrocutado y un culo enorme. No hay por dónde cogerme.

Yo le intentaba animar y cuando conoció a David, por primera vez, la ví feliz. Un chico se había fijado en ella, y encima estaba buenísimo.

Seguramente el problema fue ese. David era demasiado guapo, demasiado perfecto y ella era fea. Sé que, al día de hoy, ese sigue siendo el problema. Cristina no se gusta, no se gusta nada y todo lo demás es mentira.

Aquel día Ana se rio de ella y cuando la conoció aún más.

- ¿Y está es la que le trae loco a David? Pero si es una hortera. Como viste. No entiendo a los hombres.

Cristina se acercó a saludarnos y cuando vio a Ana sentí su inseguridad.

Ana cubría con creces todos los parámetros de belleza impuestos, guapa de cara y con buen cuerpo, resuelta y segura de sí misma. Sentí como se encogía, tocándose el pelo, en cuanto se pone nerviosa no deja de hacerlo.

Y cuando vio cómo David hablaba con ella animadamente, me dijo al oído.

-Hacen buena pareja.

- ¿Tú crees? - le dije- Creo que no.

-Sí, los dos son guapos.

Noté su sudoración, el maquillaje le empezaba a chorrear y cuando Ana le dio un beso en la boca a David ella miro para otro lado. Es curioso, David había tenido que aguantar muchas veces algo parecido y ella nunca se dio cuenta del daño que le hacía.

-No te entiendo- le dije- Si te gusta, haz algo.

- ¿De quién hablas? A mí no me gusta nadie. Me alegro por él, parece buena chica.

Ese día alegó que tenía dolor de cabeza y se fue a casa pronto.



He intentado hablar muchas veces con ella, de su infancia de sus complejos, pero nunca logro nada. Miente tanto que muchas veces no sé quién es, y muchas veces durante meses no tengo noticias suyas, luego aparece con una sonrisa en los labios y regalos para mí.

Al principio me enfado con ella, pero luego siempre la perdono.

Ahora mismo le he llamado en multitud de ocasiones y no me coge el teléfono.

Solo me manda mensajes ‘’lo siento no he podido cogerte, ¿querías algo?’

Me ha dicho que está en París, de compras y me lo creo. Es compradora compulsiva, seguro que viene con maletas repletas de ropa y mucha es para mí.

Sé que tiene miedo de todo y ha salido corriendo, pero lo que le ha vuelto hacer a David no está bien. El hombre está realmente jodido.

- ¿Qué tal ayer con Sonia? - le pregunto.

-Fenomenal- me dice- Me gusta.

-Me alegro por ti. Cristina está en París, ayer me mando unas fotos muy chulas.

-No me hables de ella, te lo ruego.

-Lo siento, es la costumbre.

-En la oficina todo el mundo la crítica, piensan que es una puta- me dice. Realmente está muy cabreado.

-No hables así de ella.

-Tú eres la única persona que le aprecia.

-Porque le conozco. Ella te quiere David.

-Por eso se ha tirado a Juanjo, lo único que le importa es el sexo. ¿No te das cuenta que lo tiene todo? Se aburre y se va a París. Trabajamos para ella, para cubrirle sus caprichos.

-No digas eso.

-Es la verdad. No ha dado un palo al agua en su vida y vive como una marquesa. No es consciente de nada, gasta a manos llenas, me recuerda a mi padre. Son tal para cual.

-No empieces otra vez, ya hemos pasado por esto.

-Estás muy equivocada, ahora realmente la odio. Espero que le entre un herpes vaginal.

-Te estás pasando.

-Pasar, se ha pasado ella. No ha dejado a un hombre vivo, es difícil ser más guarra que ella. Es más puta que …

- ¡Ya está David!¡Para! Es mi amiga y no es ninguna puta. Se siente inferior a ti, solo es eso.

- ¿Inferior a mí? Por eso me restriega que soy un muerto de hambre y ella esta forrada de dinero. Soy el hijo del ex presidiario.

-No te das cuenta que te considera perfecto, es que no eres capaz de verlo. En su cabeza ella sigue siendo la chica gordita y fea.

-Estoy harto de excusas, ¿Que la llamaban fea? A mí, me han llamado cosas peores.


Alguien nos está escuchado, me doy la vuelta y me encuentro con Guillermo.

- ¿Podéis venir un momento a mi despacho? nos dice.

Cuando estamos a solas se pone a gritar, nunca le había visto tan enfadado.

- ¡De mi hija no se habla en esta oficina! ¡La próxima vez que oiga hablar de ella, os echo a la puta calle! ¡A vosotros y a cualquiera! Hoy mismo he despedido a dos chicas. No voy a tolerar faltas de respeto. Es mi hija y de vosotros esperaba más.

-Yo no he hablado mal de ella- le digo.

-Mi hija no está pasando por un buen momento y lo que no voy a consentir es que mis empleados hablen mal de ella. Gracias a ella, tenéis trabajo, a ver si os dais cuenta. Os contrate porque erais sus amigos o eso pensaba yo.

-No sabía que estaba mal- dice David, esta vez más tranquilo.

- ¡Mal por tu culpa! He visto los mensajes que le has mandado. ¿Pero quién coño te crees que eres para hablar así a mi hija?

-Pensaba que estaba en París- le digo

-Ha vuelto esta mañana. Tu amigo aquí presente le ha amargado el viaje.

- ¡Renuncio! - dice David- Tienes razón Guillermo, no puedo seguir trabajando en esta empresa, es un error.

-Ahora huyes. No puede dejar el trabajo de un día para otro. Pero tranquilo, buscaré otro financiero y prescindiré de tus servicios. No sabes lo que me has decepcionado. Te di la oportunidad que no te quería dar nadie, y así es como me lo agradeces. Hundiendo a mi hija. Lo que te conté el otro día, lo has usado para machacarla. No te haces una idea, de cómo me siento ahora mismo. Te di confianza, te lo di todo y haces esto.

-Yo quiero a Cristina- dice David con la cabeza baja.

- ¿Qué la quieres? Le has dicho que ojalá se muera, y no sé cuántas guarradas más, que no pienso repetir. Ella no me enseño los mensajes, los vi yo. Me la encontré pegada al móvil, leyéndolos una y otra vez, recreándose en cada palabra tuya, como si fuese la verdad absoluta. Le cogí el móvil y los borré. No quiero basura en mi casa, ni en la oficina. En quince días te quiero fuera de aquí y no te pienso dar ni un euro de indemnización, no esperes nada de mí.

Estoy llorando, todo esto me parece horrible. Miro a David, siento vergüenza ajena ahora mismo.

-No sabía nada de esto- digo- Conociendo a Cristina debe de estar fatal.

- ¡Te deseo lo peor! - le dice Guillermo a David- ¡No vas a volver tocar a mi hija en tu vida! ¿me has oído bien? No vuelvas a acercarte a ella y ni se te ocurra llamarla, si lo haces te juro que te mato con mis propias manos. No sabes lo que un padre es capaz de hacer por su hija, no tienes ni idea.

Salimos del despacho y sigo traspuesta.

- ¿Qué has hecho David?

-Olvídalo.

-¿Qué lo olvide? ¿Cómo has podido decirle una cosa tan horrible? eres el peor de todos.

-Juanjo me dijo que se la había follado, después de estar conmigo.

- ¿Y tú se lo crees?

-Están juntos, siempre están juntos.

- ¿Y eso te da derecho a insultarla? a desearle la muerte y no sé cuántas cosas más. ¿Cómo has podido hacer esto? Cristina es muy sensible, ahora mismo tiene que estar de pena, por mucho menos se ha hundido.

-No dije ninguna mentira, lo dice todo el mundo.

Le doy una bofetada.

- ¡No te consiento que hables así de ella! La quiero, ¿entiendes? Lleva toda su vida sintiéndose inferior a todo el mundo y ahora le has hundido. ¡Vaya cabrón estas hecho! en mala hora te dije que te lanzaras, si llego a saber todo esto, nunca lo hubiese mencionado. Pensaba que eras una buena persona.

-Estaba celoso, llevo años celoso. Me siento como un pardillo, lo deje todo por estar con ella y mira como me lo ha agradecido. En cuanto volvimos de las vacaciones se fue con otro, paso de mí.

-Eres un inmaduro y no te voy a justificar.

Le dejo y llamo a Cristina, no me coge el móvil, insisto y le mando un mensaje.

‘’Te quiero, necesito hablar contigo’’

No obtengo repuesta. Le llamo a Juanjo y le pregunto si sabe algo de Cristina.

-No, pregúntale a tu amigo el muermo.

-Pensaba que estabais juntos.

-Qué más quisiera ella. Esa tía es un rollo, paso de su culo.

-Le dijiste a David que os habíais liado.

- ¿Te lo ha contado? No sabe guardar un secreto.

- ¿Es verdad?

-Si.

Me lo dice muy rápido, está mintiendo.

-Qué pena das Juanjo, eres lamentable.

- ¡Qué se joda el ñoño! me cae como el puto culo. Con solo verle la cara, cuando se lo dije me hizo feliz. Compensó lo que me hicieron en Ibiza. Les vi follando como perros en celo en mitad de la calle.

- ¡A la que has jodido es a Cristina! estarás satisfecho.

- ¡De puta madre! mejor que nunca. Te tengo que dejar guapa. Dale recuerdos al nene.

Cuelgo y pienso en David, es un gilipollas.

Le provocan y el cae. Los tíos son idiotas. Me da tanta rabia que no me puedo contener y se lo cuento a David.

- ¿Y ahora cómo te sientes? - le digo- La has cagado.

Su cara es un poema y por unos instantes, no sabe que decir.

-Ahora no te salen las palabras. ¿Verdad?

-Lo he jodido todo y lo voy a pagar con creces.

-Pídele perdón. Llámala y cuéntale todo. No lo dejes así.

-No lo voy a hacer, siento rabia hacia ella y no es solo por lo de Juanjo, llevo mal su pasado.

-No ha matado a nadie, ni ha robado como otros.

-Le he dado muchas oportunidades y siempre me deja con la palabra en la boca. Lo nuestro definitivamente ha muerto.



Vaya mierda, ahora mismo solo quiero salir a buscarla y cuando lo voy hacer, Ana me llama.

- ¿Pasa algo? Hoy he notado a Guillermo muy alterado y cuando le he preguntado me ha dado largas. ¿Es algo de Cristina? ¿La ha vuelto a liar?

Algo me dice que no le cuente nada. Ana es su enemiga y no quiero hacerla feliz.

-No es nada, cosas de trabajo. Cristina sigue de viaje- le digo.

Me sonríe- Cristina no se ha ido de viaje. Lleva meses sin salir de casa, la he visto. Esta horrible.

- ¿Y te alegras?

-No, no me alegro, cada uno es lo que es. Y esa chica es un calvario, sobre todo para su padre.

- ¿Sabe que estáis juntos?

-No, Guillermo no se atreve a decírselo, la trata como si tuviese ocho años. El problema es ese, no la ha dejado crecer. Tienen una relación enfermiza. Les vi de casualidad, ella estaba sentada en su regazo como si fuese una niña pequeña y él le consolaba acunándola. Sé que a ti te da pena, pero no es real. Esa chica se queja de vicio.

La oigo hablar y siento un dolor en el pecho, me viene a la mente muchos recuerdos de ella en el colegio, lo mal que se lo pasó, como la trataron. Había chicas como Ana que la miraba con desprecio y a la mínima oportunidad la empujaban insultándola, no entiendo a las personas que hacen eso, que disfrutan humillando a otras, a las que consideran más débiles.

-Me tengo que ir- le digo.

Cojo el coche y me voy hacia su casa. Tengo un mal presentimiento, uno muy malo y siento como mis lágrimas corren por mi cara.

-No lo hagas, por favor te lo pido, no lo hagas.







Cristina

Quiero morir, no es la primera vez que lo deseo con todas mis fuerzas. De pequeña no deseaba otra cosa. Me odiaba, odiaba todo de mí y ahora mismo lo he vuelto a sentir. Que más da, no soy nadie, solo una basura. David tiene razón, todos tienen razón.

Soy esa que describen, un cero a la izquierda, un parasito y un esperpento de mujer. Me miro en el espejo y me veo como una caricatura, por mucho que me opere soy fea, soy horrible y por dentro mucho peor. Nadie me respeta.

En Ibiza todo era perfecto, cuando me desperté después de nuestro encuentro en la discoteca, fui a buscar su móvil, todavía no me podía creer sus palabras, que me quería realmente, buscaba indicios de que me mentía y descubrí que decía la verdad. Su novia estaba despechada con él y le echaba en cara que se hubiese ido detrás mío, como un panoli. Todos me criticaban, incluso Roberto le decía que se olvidase de mí, que no valía la pena, que estaba loca. Entonces me di cuenta, la mala soy yo.

Dejé el móvil en su sitio y me empecé a sentir culpable, cuando David se despertó, le recibí con un abrazo, uno de oso, de esos que tanto me gustan y solo se lo doy a mi padre. Él se sorprendió gratamente y le dije que esa era la verdadera Cristina.

Vi su rostro y pensé que podía ser cierto, que podía vivir conmigo misma y ser feliz. Nos pasamos el resto de días como una verdadera luna de miel, no discutimos en ningún momento, yo me sentía completamente feliz, tan dichosa que pensaba que aquello no podía ser cierto, que no me estaba pasando a mí.

En el aeropuerto ya empecé a sentirme mal, el dolor de estómago tan frecuente en mi, empezó a surgir, acompañado de dolor de cabeza. Más que miedo tenia pánico de enfrentarme al mundo real, todo lo que habíamos vivido era fuera de nuestro ambiente y la propia Isabel me lo recordó.

-Ahora no la fastidies con tus neuras. Recuerda, David te quiere.

-Ya lo sé.

Cuando llegamos a casa, me acompañó hasta la puerta.

-Llevo años queriendo hacer esto- me dijo.

- ¿Qué?

Y me dio un beso, era como cuándo nos conocimos, besos interminables que me dejaban con ganas de más.

-Eres malo- le dije cuando termino- Ahora no voy a poder dormir pensando en ti.

-Podrías venir a mi piso.

-Quiero ver a mi padre. Mañana nos vemos sin falta y me pensaré lo de tu piso, lo prometo.

No me dijo que me quería, no hacía falta se lo notaba en la mirada.



En cuanto vi a mi padre, se lo conté todo. Le confesé lo que sentía por David y él se alegró por mí.

-Tengo miedo papá.

-Vivir es arriesgarse. Que el miedo no te detenga.

Le hice caso y pensé en que tenía que intentarlo por una vez en mi vida, y tuve la genial idea de ir a la peluquería. Quería que me hiciesen un tratamiento para el cabello y ahí fue donde me encontré con Ana.

Intente escabullirme, pero me fue imposible. Ella fue quién me saludo con una sonrisa en la cara.

- ¡Habéis vuelto! ¿Qué tal por Ibiza?

-Bien, bueno lo normal, sol, playa, hemos ido a alguna discoteca, pero en plan tranquilo.

- ¿Y David? ¿Me ha echado de menos?

-Sí, la verdad es que sí. Me ha dicho que eres maravillosa.

-Que majo es, cuando quiere puede ser un encanto- me mira el pecho y no lo hace con disimulo- Juraría que te han crecido. ¿No te duele la espalda?

-No, estoy bien.

-No te da pena. Ser así, digo. Un objeto sexual, que los hombres solo vean dos tetas.

-A mí me gustan- le contesto intentando ser convincente.

- Y a todos los hombres, eso no lo dudo. Pero solo para un rato. Sé que David y tu habéis estado juntos en Ibiza, lo sabía antes de que os fueseis y también sé, que lo vuestro nunca va a funcionar. Se va avergonzar de ti y con razón. Te has acostado con todos sus amigos, eres la chica fácil. ¿Entiendes lo que digo?

Me habla despacio como si fuese tonta y yo tengo ganas de llorar. No me gusta sentirme así de vulnerable, el personaje público le contestaría con una grosería, la verdadera Cristina está aterrorizada. No quiero que David sufra por mi culpa y mucho menos, que pase vergüenza.

Veo cómo se va. Ana es una mujer que tiene estilo y clase, dos cosas que yo por mucho que lo intente no tengo. Ahora mismo mi pelo me importa una mierda. Me doy la vuelta y me marcho a mi casa.


David me llama y me dice que han quedado todos.

- ¡Ven! lo pasaremos bien y de paso nos ven juntos, es mejor así para que se vayan haciendo una idea.

-No me apetece mucho, estoy cansada.

-No seas tonta y luego vienes a mi piso, estoy deseando estrenarlo contigo.

Cuelgo y hago un esfuerzo enorme por prepararme. Por primera vez no quiero ir despampanante. Ahora soy la novia oficial, no quiero ir enseñando escote. Busco la ropa más discreta que tengo, y aunque no me guste, me la pongo. Me siento disfrazada, pero quiero ser otra, más formal, más respetable.

Cuando llego ya están todos, no me ven y les oigo hablar mal de mí, se están riendo.

Los amigos de David me critican, se burlan de mí y hacen alarde de haberse acostado conmigo, sus comentarios son obscenos, pero ninguno miente, todo es cierto. Veo la cara de David, está transpuesto y cuando se gira, yo me voy corriendo.



No me vio y desde entonces no he podido mirarle a la cara. Los he contado, he contado con cuántos hombres me he acostado y han sido muchos, en una época era uno diferente por semana y a veces dos. El número me asusta.

Me he acostado con sus amigos, hasta con un primo, no he dejado a uno vivo. Lo hacía para hacerle daño, pero ahora sé que me lo hacía a mí misma. Quería pensar que todo me daba igual, que no me importaba nada ni nadie, pero era mentira. Me importo yo, la opinión que tengo sobre mi misma y ahora mismo es lamentable.

Cuando llega mi padre a casa me encuentra llorando, se lo cuento entre hipos y no sabe cómo consolarme.

-Pensaba que estabas contenta, que eras feliz con David. ¿Te ha hecho algo?

-No lo entiendes papa, la mala soy yo. He hecho cosas y ahora me arrepiento, me da vergüenza, David no se merece estar conmigo, sus amigos se van a reír de él.

-Es mayorcito, lo sabrá llevar.

-Me he acostado con sus amigos.

El comentario a mi padre le ha sentado como un jarro de agua fría.

-También me he acostado con varios chicos de tu oficina, sé que no he hecho bien.

-No, no lo has hecho- me dice muy serio- No sé si eres consciente, donde me sitúa a mi todo esto.

-Soy mala papa, hago cosas sin pensar. David no es así, ha dejado a su novia por mí. Ella es una chica normal y yo no puedo ni mirarle a la cara.

-Tienes que ser valiente y enfrentarte a tus actos.

-Ahora mismo no puedo, no sé ni quién soy. La que dice que todo le da igual o la que le afecta todo.

Me abraza y me da un beso.

-Duerme mañana te encontraras mejor.

Pero no duermo y no hago más que pensar. Lo veo todo oscuro, recuerdo cada hombre que ha pasado por mi vida, todas las veces que me enrollé con ellos, delante de las narices de David, quería ponerle celoso y lo conseguía. Ahora está conmigo y no lo entiendo. Cómo después de todo lo que le he hecho quiere tener algo conmigo.



Decido quedarme en casa y le digo a mi padre, que diga a todo el mundo, que me he ido de viaje. No es la primera vez que lo hago, y mi padre dice que es infantil por mi parte.

-Tienes que madurar. No puedes quedarte encerrada toda tu vida.

No le hago caso, nunca lo hago

He hecho un desgraciado a mi pobre padre, en el fondo lo hago por él, para que al fin pueda ser feliz. Le he escrito una carta, es mi verdadero amor, el más integro. A él nunca le he mentido. Le digo que David no tiene la culpa, sé que está enfadado con él, me ha dicho que piensa despedirle por lo de los mensajes que me ha enviado y le he dicho que la única culpable de todo soy yo. Solo me ha dicho la verdad.

Me miro en el espejo y no sé quién soy realmente. Mi personaje se está cayendo a pedazos, es tan ridícula que no sabe qué hace ahí.

Llevo meses encerrada, solo me he dedicado a comer y he engordado considerablemente. Yo soy esa, la gorda, lo he sido siempre. Me he dejado de planchar el pelo y mi pelo se rebela encrespándose. Mis tetas ahora, me parece horribles, desmedidas, me siento como una verdadera vaca lechera. Mi padre me ha dicho que me reduzca el pecho y yo ahora mismo me las cortaría de cuajo. No sé lo que me está pasando. Todo lo que hace unos meses me parecía importante ahora me parece una mentira. No quiero maquillarme, odio mi cara y la quiero ver fea. Lo que soy realmente.

No quiero saber nada de nadie. Mi padre borro los mensajes de David, pero yo los tengo gravados en mi mente. Me dijo lo que yo siento por mí misma, era como si me leyese el pensamiento. Le voy hacer feliz.

Suena el móvil, es el. Le cojo el teléfono quiero despedirme, llevo toda mi vida enamorada de él y ya es hora de que se lo diga.

-Hola David.

-Siento lo que te dije ayer, estaba enfadado, perdóname.

-No pasa nada, estoy bien.

-Tu padre me ha dicho que…

-Mi padre está siempre preocupado por mí, estate tranquilo estoy bien. Yo también digo muchas cosas que no pienso, no pasa nada.

-Te noto rara ¿Estás bien?

Es por las pastillas, pienso, pero no lo digo. Ya están haciendo efecto, dentro de poco me dormiré y no despertaré nunca.

-Siempre fuiste tú David. Este verano ha sido el mejor de toda mi vida, un verdadero regalo…

- ¿Te encuentras bien? – me pregunta ansioso - ¿No habrás hecho una tontería?

-He hecho tantas tonterías a lo largo de mi vida. Esto ha sido lo único sensato.

- ¿Dónde estás? - me grita- ¡Voy a buscarte!

-Me estoy liberando, lo tenía que haber hecho hace muchos años cuando era pequeña, le hubiese ahorrado muchos disgustos a mi padre. Nunca tenía que haber nacido, soy un error de la naturaleza.

- ¡Por favor Cristina! ¡Escúchame! Estas a tiempo, ¡llama al 112! ¡Dime dónde estás!

-Dentro de poco estaré en el cielo con los angelitos, dejaré de sentir todo esto que estoy sintiendo y seré feliz. Tú fuiste el primero y serás el último No te preocupes por mí, no es tu culpa, no fueron tus mensajes. Solo me dijiste lo que yo ya sabía.

-No lo pienso, estaba enfadado, si te pasa algo no me lo perdonaré nunca. ¡Por favor Cristina! ¡No me hagas esto!

-No lo entiendes, ahora me siento en paz conmigo misma. He visto la luz…

Me cuesta articular palabra, siento como mis parpados pesan, y el móvil se resbala de mis manos, cayendo al suelo.

Cierro los ojos y por fin todo es negro.



Continuara…



108 vistas
  • Facebook - Black Circle
  • Twitter - Black Circle